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El hombre orquesta

Mateo Mera, el músico de la luna

Mateo Mera dice ser así: un hombre, un hijo, un publicista, un novio, un escritor, un autodidacta, un músico. Tiene 25 años y hace diez que escribe canciones y compone melodías, y dice ser un artista que nunca tuvo miedo a “pararse delante de un montón de gente y cantar, pero sí de mostrar lo que hacía”. Mateo Mera y sus 25 instrumentos musicales. Mateo Mera y el miedo a exhibir sus creaciones, su “parte más íntima”. Mateo Mera: el músico que un día se cansó y echó a patadas a sus miedos, y cantó, tocó, grabó y lanzó un disco con sus intimidades. Un inconformista que no tiene idea de qué lo hace ser músico ni sabe por qué todas sus canciones juegan con la noción de “escaparse, irse o ser otra cosa”. Un perseverante.

Sobre los puentes y las alturas es su primer trabajo discográfico. Se trata de ocho canciones que combinan folk, indie, pop y rock con secciones únicamente instrumentales. Lo editó de forma independiente y él mismo grabó todos los instrumentos, desde guitarras hasta un sitar indio (presente en el tema “Destrucción china”). El proceso de grabación le llevó ocho meses; fue producido por Daniel Anselmi y masterizado en Buenos Aires por Andrés Mayo. El disco fue lanzado en noviembre y, aunque lo presentará entre marzo y mayo de 2015, hoy tocará algunas canciones en el centro cultural Vissi d’Arte a las 22.00: llevará invitados, pero no tiene una banda, él dice ser “un hombre orquesta”. Transformó una valija Samsonite en bombo y le puso un pedal de pandereta, entonces toca la guitarra y la armónica, y tiene la percusión en los pies. Así planea ir de bar en bar.

“¡Panchoooo!”, le grita a su perro salchicha para que deje de ladrar. “¿En qué estaba? Ah, sí… el disco tiene que ver con tomar el control de mi vida, en poner y conseguir. Tenía que sacarme el miedo a hacer las cosas. Todo es cuestión de perseverancia. No creo en el don, creo en la perseverancia, y yo trabajo mucho. Me puse en un plan que es que no puedo aceptar un no; si pensamos una idea y está buena, se hace, después vemos cómo. Vamos pa’delante siempre”, explicó. Así surgió la compra de una luna de plástico desarmable de cinco metros de diámetro, ploteada, que importó de China: “Cuando decidí que el corte difusión era ‘Encuentro en la luna’, dije ‘¿y si pongo un montón de lunas bajo el puente de Sarmiento?’. Después decidí que no, por el nombre del disco; ahí se me ocurrió traer una luna gigante, y entré a las páginas de proveedores chinos para ver si hacían lunas. Y la conseguí”.

Después, Mera contó que el miedo fue un motor para lanzar el disco, que en “un momento” de su vida entendió que “hay gente que tiene miedo a lograr lo que quiere” y que no quería ser así. “Acepté el desafío y está buenísimo”, dice, sonriente, y explica: “Quedarte en tu cuarto y tener miles de canciones es una pavada, porque ahí no hay peligro, nadie te va a criticar porque nadie las escucha. Todos los temas que están en el disco fueron básicamente superar miedos: a exponerse, a sacar algo profesional, algo con tu nombre, a recibir críticas inesperadas, a superar problemas con amigos”.

El perro no se calla. “¡Panchooooooooo! Este perro me vuelve loco”, aclaró, y habló sobre el proceso de elaboración del disco. “Eeeeeh… Las canciones ya las tenía y el disco lo había empezado un año antes en mi casa; tengo mil horas de grabación en mi cuarto. El plan inicial era hacer un audiolibro para el que escribí una mininovela de 30 páginas; quería corresponder una canción a un capítulo. No me funcionó, así que empecé a grabarme y, claro, al grabar, mezclar, producir y escucharme solo… me volvió loco. Pasaba 11 horas durante semanas con una o dos canciones; llega un momento en que no escuchás, te volvés paranoico, perdés las referencias. Ahí me di cuenta de que necesitaba ayuda. Lo que sí me costó es que si yo no iba a grabar el bajo, el bajo no se grababa, y eso atrasó los plazos”.

Mera reconoce que Sobre los puentes y las alturas le cambió la vida aunque en realidad no le cambió nada, pero ahora es “más feliz”, algo que, según él “no se mide en canciones”: “En algún punto sí cambió, todo, aunque [al disco] no le vaya bien. No es un tema de éxito”. “Sin dudas la pasión es ser músico, pero también hay una cosa que tiene que ver con mi personalidad: ser perseverante”, apuntó. “No estoy nada satisfecho, me gustaría cantar mejor, tocar mejor, querer mejor”, agregó. Por ser perseverante se compró un generador para la luna y llegó a ensayar 11 horas tocando el piano para aprender “medianamente bien”. Aprendió, grabó. Lo mismo le pasó con el sitar: buscó hasta que encontró a un sitarista argentino que lo ayudó a conseguir el instrumento, fue a clases y aprendió que con el sitar “no tocás canciones, tocas ragas, que son ‘estados de ánimo’”, y que “el sonido nace, se desarrolla y se muere”; a diferencia de lo que pasa en Occidente, donde “cuando un sonido se muere es porque se terminó la canción”. Las ragas no están escritas, tienen una “estructura mínima, porque lo importante es capturar elfeeling del raga”, explicó. “Lo interesante es que no importa si sos Ravi Shankar o Mateo Mera, sino que vos te ponés al servicio de una cosa superior, que es desarrollar el raga correctamente”, agregó, y dijo que le “encanta” la “despersonalización” que permite ese instrumento.

“Me está volviendo loco ese perro. ¡Shhh! Me desconcentra, no puedo. ¡Panchoooo!”, le gritó, lo agarró y lo entró a la casa. “Ta”.

“A la hora de ser músico tiene mucho que ver con dónde estás parado hoy”, dijo, y explicó que sus letras hablan de eso: “El tema uno del disco [‘Vida Salvaje’] trata de un travesti, y no es que hubo una intención de ‘oh… la canción re loca sobre un travesti’. Pero era como… no sé… si en 2014 un pibe uruguayo no habla de esas cosas, ¿de qué va a hablar? No quería que el disco fuera sobre lo importante que es tener una novia, que conceptualmente se trate de eso, porque yo no lo siento así en mi vida y de hecho en el disco no hay canciones de amor. Mi contexto no me lo hizo escribir. Es re interesante un travesti, el discurso. Fue interesante hacerla sin generar un estereotipo del travesti; no quería generar un discurso que ya existe, ni mostrarlo como una persona degenerada, como alguien que traspasó el límite”, contó. “Tampoco me gusta contar el significado de las canciones, porque se empiezan a llenar con mi interpretación y en verdad no es lo que yo escribo, sino lo que vos interpretás”. Pancho ladra desde adentro.

“El disco se iba a llamar En medio de algo, pero no me convencía. Antes de que saliera estuve seis días en la selva de Ecuador y aún no tenía nombre. En ese viaje descubrí un miedo a las alturas desconocido, que no tenía. Estando ahí no podía subir una escalera. ¡Un papelón! Y nunca tuve un problema de vértigo. Sobre el puente… es porque el disco se trata de superar miedos”.

Artículo publicado en La Diaria el 18/12/2014: http://ladiaria.com.uy/articulo/2014/12/el-hombre-orquesta/

Seguir a Artigas

Con Gonzalo Abella, el candidato a la presidencia de Unidad Popular

Abella es maestro e historiador, y líder del partido político Unidad Popular (UP), que surgió en abril de 2013 tras la decisión de Asamblea Popular de reunir esfuerzos y formar una coalición con la Agrupación Nacional Pro-Unir, Movimiento 26 de Marzo, Partido Humanista, Partido Comunista Revolucionario, Movimiento de Defensa del Jubilado-Modeju, Movimiento Avanzar, Intransigencia Socialista y el Partido Obrero y Campesino de Uruguay. Juntos lograron obtener 0,57% de los votos en las elecciones internas, y superaron al Partido Independiente (PI).

-¿Cuál es el modelo de gobierno de América Latina que más se parece al que la UP quisiera instaurar en el Uruguay?

-No podemos contestar esa pregunta. Hemos consensuado una clara definición artiguista sobre la soberanía particular de los pueblos. Por lo tanto, a los Estados de la región los definimos exclusivamente en función de su soberanía o dependencia a las transnacionales y el imperio. Desde ese punto de vista, hay países que están realmente enfrentados y no nos metemos en su interna, como los de la Alianza Bolivariana para América [ALBA], países que tienen una política ambigua pero con ciertos conatos de resistencia, como Argentina y Brasil, y países que están entregados totalmente, de pies y manos, como Paraguay y Colombia. Si esto fuera “uno, dos y tres”, veríamos a Uruguay como 2,5, desgraciadamente, por su sometimiento a las transnacionales casi lindero a la entrega total. Nosotros seguimos a [José Gervasio] Artigas. ¿A quién nos queremos parecer? A Artigas.

-¿Qué factores explican que la UP no pueda crecer más de 1%?

-El problema es que nos han creado un muro de silencio y ha surgido, además, una serie de calumnias que ha circulado desde el inicio de esta segunda etapa de UP. Por ejemplo, [el año pasado] hubo vándalos infiltrados en la hinchada de Peñarol, y el ministro del Interior, [Eduardo] Bonomi, acusó a grupos radicales e informó al diario El País que se estaba investigando a gente de UP. Desde luego, no pudieron presentar pruebas, pero el rumor pervive, y mucha gente dice: “UP son los tupamaros violentos y no los tupamaros buenos que están en el gobierno”. Pero el aspecto central es que el muro de silencio hizo que las cinco empresas que hacen encuestas ni siquiera le dieran a la ciudadanía el derecho a saber que existimos, y nos calificaban de “otros”. Eso sólo lo pudimos revertir con una muy buena votación en las internas [0,57%], cuando vencimos ampliamente al PI. Ahora nos tienen que nombrar, pero perdimos un año y medio.

-¿A quién votarían en un eventual balotaje?

-No hemos perdido un solo minuto en discutir un balotaje, nosotros votamos UP.

-¿Cómo hace campaña UP?

-Para los cuatro partidos con representación parlamentaria la campaña política es inversión: tantos dólares, tantos votos. Los dólares significan asesor de imagen, inversión en la televisión. Para nosotros, la campaña electoral es la organización por abajo, puerta a puerta, es usar los muros que nos dejan antes de que los tapen. Los muros son la televisión de los pobres. Es un trabajo de hormiga, [pero] lo que hemos construido es irreversible. Las reuniones en casas de familia han sido la metodología esencial, mediante una plataforma común con grupos de ciudadanos pensantes que se atreven a imaginar políticas públicas diferentes, desde Bella Unión hasta el Chuy. Alguna gente cree que atornillando dos diputados en el Parlamento vamos a hacer buena letra y podremos ganar las próximas elecciones. Cinco años es excesivo para las urgencias que tiene Uruguay. Ahora es que está agazapada la megaminería, elfracking, la expansión del monocultivo forestal y la instalación de venenos. Ya están muriendo, como moscas, niños en Cainsa [localidad de Artigas] y Cebollatí [Rocha]. Es brutal lo que se está tapando.

-¿Qué proyectos de ley presentarían en caso de llegar a la Cámara de Diputados?

-Tenemos un programa máximo y uno mínimo. El máximo, visto desde la óptica de algunas organizaciones políticas de UP, es el programa mínimo, porque aspiran a más; algunas de ellas al socialismo, otros, como los Humanistas, a una sociedad totalmente autogestionada. Somos muy realistas; no podemos implementar el programa máximo con dos diputados. Por eso, lo que planteamos para una bancada parlamentaria son dos tipos de proyectos: los de emergencia, para mitigar de inmediato los impactos más nefastos del modelo de saqueo neoliberal, y los vitrina, difícilmente objetables, que demuestren que una nueva forma de relacionarse con la tierra no genera menos trabajo, sino todo lo contrario, y que hay mercado internacional para la agricultura orgánica. Queremos usar las 16 millones de hectáreas de Uruguay como carta de negociación para que los insumos del exterior que sí necesitamos sean negociados de igual a igual, y no de rodillas como está [haciendo] ahora el Estado uruguayo.

-Uno de los ejes en su programa de gobierno es la reforma del modelo agrario. ¿De qué se trata?

-Es imprescindible un cambio total en la forma de proteger y cuidar la tierra. El recurso es parte esencial de una primera fase de la liberación nacional, que es recuperar la soberanía del Estado. La agroecología no se resuelve sin soberanía del Estado; el saqueo transnacional genera que los proyectos agroecológicos más laudables, más plausibles, sean acorralados por el envenenamiento de la tierra y las aguas. La línea divisoria verdadera entre un proyecto de liberación y uno de entrega es ver cómo se usa la tierra y en manos de quién está. Todo lo demás es palabrerío. La tierra es el indicador fundamental del sistema político, de un Estado y de un gobierno.

-También plantean crear una industria nacional pesquera.

-Tenemos 12 millones de hectáreas de superficie de agua pesquera. El Río de la Plata debe ser la única superficie que combina pesca de agua dulce con altamar, y toda la de altamar se la llevan empresas coreanas y españolas; y en los grandes ríos que no están tan contaminados, empresas brasileñas con redes prohibidas se llevan todo, hasta los alevinos. Nosotros tenemos una Dirección Nacional de Recursos Acuáticos [Dinara] que es cómplice de este saqueo y del precio altísimo que tiene el pescado en nuestro mercado para el consumo de la gente. Si lográramos organizar cooperativas de autogestión, que incluso gestionen insumos en el extranjero, daríamos un primer paso hacia nuestro objetivo central, que es una flota pesquera nacional, un juicio político y penal a las direcciones de la Dinara y una denuncia de lo que está haciendo la Prefectura [Nacional Naval], que también mira para otro lado y permite que nos roben los recursos.

-¿Cómo definiría a los partidos políticos según la relación que tienen con la tierra y el agua?

-Los cuatro son cómplices de la contrarrevolución agraria. El neoliberalismo blanquicolorado de las últimas décadas tuvo una política de preservación del latifundio, y el FA, después de luchar por la tierra, hoy consolida el latifundio; encima, uno destructor en dimensiones jamás vistas.

-A nivel sindical hay sintonía de UP con los sectores clasistas y combativos. Desde la dirigencia del PIT-CNT se cuestiona que estos espacios sindicales debilitan la unidad del movimiento sindical.

-El problema no es culpa de UP; la cúpula del PIT-CNT se ha transformado en operador político del mal llamado Partido Comunista, y ese operador político se ha hecho, incluso, megaminero, porque coinciden con el discurso entreguista del FA, de que si las trasnacionales nos dan de comer tenemos que ponernos de rodillas ante ellas. Aratirí le donó al SUNCA [Sindicato Único Nacional de la Construcción y Afines] un local sindical con fibra óptica en Cerro Chato. El SUNCA es partidario de la megaminería igual que la cúpula del Sindicato Obrero de la Industria de la Madera y Anexos (SOIMA). Sin embargo, la clase obrera uruguaya tiene grandes tradiciones de lucha, y para nosotros, cuanto más unida, mejor. Desde UP planteamos la independencia de clase total de los movimientos obreros y sociales, y UP no va a tener un solo pronunciamiento propio sobre la interna del movimiento obrero.

-¿Cómo abordarían la defensa nacional del país?

-Está en el programa mínimo, y es de juicio y castigo. Entendemos que el FA, que durante dos períodos tuvo mayoría parlamentaria, no anuló la ley de caducidad, lo cual hace a la cúpula del FA cómplice de delitos de lesa humanidad, por no haber anulado esta ley anticonstitucional. En segundo lugar, nos preocupan las nuevas generaciones de las Fuerzas Armadas (FFAA). No puede ser que un gurí o una gurisa que va al Liceo Militar tenga una formación en historia y en ciencias humanísticas diferente al resto de los muchachos de Uruguay, con plata que es del Estado. Por lo tanto, una de las primeras cosas que planteamos es que esas asignaturas pasen al liceo público y no sean impartidas por gente eventualmente golpista, como ahora. En segundo lugar, planteamos un cambio sustancial de la formación de los futuros suboficiales y oficiales de las FFAA, a partir de una lectura artiguista, antiimperialista y de integración continental. No puede ser que no sean custodios de la dignidad nacional, y que estén en la corrupción que están. El ministro [Eleuterio Fernández] Huidobro -ignoro si en un estado alterado de conciencia o qué- hizo una confesión dramática: le preguntaron por qué había tanta corrupción en la Armada y dijo: “Bueno, será porque es el único lugar en el que se investiga”. Queremos un control popular ciudadano sobre los recursos y unas FFAA con una mentalidad radicalmente distinta, al servicio de un proyecto de soberanía nacional y profundamente antiimperialista. Muchos oficiales de nuestro Ejército tienen en su sombrero de uniforme el distintivo artiguista; bueno, señores, ahora gánenselo. Digan dónde están los desaparecidos, exijan juicio y castigo, condenen esas FFAA que nacieron asesinando charrúas en Salsipuedes, que violaron mujeres en Paraguay y apoyaron toda violación de los derechos humanos que hubo en el país. Porque ésa es la historia de nuestras FFAA. Ahora, si los oficiales jóvenes no quieren seguir con esa tradición, también ellos tienen que jugársela.

Yo no le pedí al FA un milagro en diez años, le pedí una brújula, y eso es en lo que falló.

Entrevista publicada en La Diaria en setiembre de 2014: http://ladiaria.com.uy/articulo/2014/9/seguir-a-artigas/

“NADIE ME DIJO QUE NO PODÍA MENTIR”

ENTREVISTA: ALBERTO MANDRAKE WOLF

Un miércoles de octubre unas 20 personas pagaron solo cien pesos de entrada para deleitarse con un músico montevideano con 25 años de trayectoria. Fue en el Solitario Juan, un pub pequeño al que esa noche le sobraron sillas. En esas sillas había dos groupies guerreras, mujeres cuarentonas con tatuajes, una morocha y la otra colorada con el pelo corto y aretes largos. Se sabían todas las canciones. Cantaban gritando, tapando la voz del músico y tratando de seguir el ritmo con las manos. Eran groupies de verdad, de esas que interrumpen el show con algún comentario provocativo, desaforadas, que vuelcan la cerveza y que orgasmean cuando tocan una melodía lenta. Son de esas que se sientan a un metro del improvisado escenario porque se jactan de entender hasta los suspiros del maestro y lo siguen adonde vaya.

Esa noche de calor primaveral el maestro mandó a la mierda a esas dos mujeres.

Delante de mi está el autor de la ofensa. Estamos en su casa, sentados frente a frente en sillones, rodeados de discos de pasta, casettes y guitarras. Se incomoda cuando le pregunto por las señoras. Tanto, que se levanta a por un whisky a las dos de la tarde. Parece que la cantidad es proporcional a su incomodidad: dos hielos, dos medidas de alcohol. Se vuelve a sentar, se acomoda los lentes, el pelo atrás de las orejas, comenta que es su bebida preferida y recién después transforma la sonrisa en risa y contesta la pregunta “sí, hay algunas que se vuelven locas. Esas son groupies viejas (…) Es cómico cuando vas a dar un show para gente muy joven y de repente ves a las que les gustaba pasarse a todo el cuadro, son todas viejas reventadas, ¿viste?”.

La otra cara

Este Alberto Wolf, el que está tomando whisky en su casa, es otro, no es el trovador de aquella noche en la que contó anécdotas y se reencontró con “viejas reventadas” que sudaban alcohol. El que está frente a mi es otro Mandrake, otro personaje. Hoy se puso la máscara reflexiva, una remera naranja, pantalones de algodón, medias y crocs. Hoy es martes y la tranquilidad que se respira en Villa Dolores es la misma que inunda la casa del músico. Cuando las preguntas no lo incomodan, Mandrake se relaja y se rasca la cabeza, y dice que se siente cómodo siendo contradictorio. Él es diferentes personas, una aquí y otra arriba del escenario.

El Mandrake con el que me encontré ese martes se comparó con los boticarios de “la época de los cowboys. Esos que vendían unas pomadas que servían para todo, para que te crezca el pelo y para el dolor de muela”. Él cree que es eso: una especie de bálsamo que transporta a la gente a otros lugares y otros tiempos a través de sus canciones, porque son historias.

“Me encantan. Cuando toco solo, cuento muchas historias. Es que uno está en la industria del entretenimiento y hasta cuando hacés música tenés que entretener. Y a la gente siempre le llama la atención las historias. Eso es lo lindo que tiene, que le metés en la cabeza algo inusual, que no conoce porque son otros lugares, otras personas, y eso me hace viajar. Soy un trovador –pausa- otro tipo de trovador; soy un trovador de este siglo”.

Musas

Una de las historias que contó ese día fue la del origen de Para la vieja Isla de Flores, una de las canciones del disco Amor en lo Alto, de 2002. A Wolf le fascina la playa. Y en esos años vivía en Shangrilá. “Y desde allí miraba la Isla de Flores, y empecé a imaginar cosas. Tanto que me obsesioné y fui al Museo Naval para averiguar sobre la Isla”. Recopiló bastante información, y en base a eso y a lo que definió como sus “sentimientos”, escribió esa canción. “Quedé muy contento porque me imagino que quien escuchó ese disco o me escuchó cantarla va a pensar la Isla desde otro lugar. Para esa gente la Isla no va a pasar desapercibida”.

Las historias de sus canciones salen “de la vida, de observar, de leer, de imaginar”. Él asegura que no es un extraterrestre. “A veces observo cosas que me llaman la atención y que veo que la gente ni siquiera nota, que pasa de largo y no las ve. Mirá qué hermoso esto, y a partir de eso cuento algo”.

Eso le pasó con Miriam entró al Hollywood, una de sus canciones más conocidas. Estuvo cuatro años para escribirla, y la terminó después de entender algo que había dicho van Gogh: “los bares son un lugar muy propicio para asesinatos”. La dejó en el freezer hasta que un día le salió, porque entendió que las pinceladas rojas y naranjas que forman varios cuadros de bares de van Gogh significan muerte, y el romance que presenció en el Hollywood era eso: un asesinato del corazón.

La canción describe el bar que queda en la esquina de Uruguay y Ejido, y cuenta cómo una mujer que lo embelesó se acercó a hablarle a otro hombre.

“Quería hacerla al revés, porque fue ella la que encaró al pibe, pero no pude. No me dio el talento para escribir como una mujer. Porque la mujer es muy distinta al hombre, tiene otra sensibilidad. No me pude poner en los zapatos de una mujer. Entonces dije ta, vamo’ a escribirla como un viejo verde que se carga a la pendeja, que eso sí sé hacer”.

Mandrake interrumpe su reflexión con una carcajada, porque se acordó de una entrevista que le hicieron a Juan Carlos Onetti y que tiene en un casette. “Era un viejo baboso, y siempre se sentía el ruidito del hielo del vaso de guiscacho mientras contestaba”.

Continúa pensando en su música y dice que no sabe explicar qué es lo que hace que una canción sea buena. “Sólo me emociona, me gusta; siento una cosa fuerte. No estoy pensando en los acordes ni en la letra ni en nada, yo escucho música y me coloco y ta. Después sí puedo hacer un análisis, decir aquel puente está muy bien, el estribillo increíble, la métrica es perfecta. Pero al principio sólo me pega. No tengo ningún tipo de protección a emocionarme; me encanta”.

Escucha con emoción Spoonfull en la versión de Howlin’ Wolf. Dice que la puede escuchar 15 veces seguidas y siempre le encuentra algo fascinante. “Descubrí que esa canción es mitad bestia y mitad hombre, tiene el ritmo y la letra, que es oscura y tan cotidiana a la vez”.

Para Mandrake algunas canciones de Gustavo Pena son así, y también “mágicas”, porque él fue “un artista de la puta madre”. En el show de ese miércoles de groupies, dijo de él que era un crá, pero también que era un “hijo de puta, un pesado de primera”, que no lo bancaba y que vivían discutiendo. “Era una época de mierda, en el 87 nadie nos daba bola; encima yo era más chico que él y me botijeaba un poco”.

El maestro se excusa diciendo que cuando está “en vivo” hay que meterle “un poquito de color” a las cosas, para que el show sea “entrete”.

“Yo miento”, dice entre risas Wolf. “Cuando me hicieron el censo me preguntaron la raza, y yo dije que era afrodescendiente; me miraron raro. Así que habrán puesto que en Villa Dolores hay un afrodescendiente. Nadie me dijo que no podía mentir”.

QUIERO SER UN MARCIANO

ENTREVISTA: YURI LÓPEZ, EL URUGUAYO QUE SE POSTULÓ PARA COLONIZAR MARTE 

Yuri López se excita cada vez que escucha a los Guns ‘n’ Roses; es fanático de los juegos electrónicos y de la velocidad. No siente pasión por la astronomía ni la ciencia, pero tiene “el espíritu aventurero de cualquier colonizador”. Este hombre que identifica su pensamiento sobre la religión con el meme “Are you serious?”, tiene verdaderas chances de irse al planeta rojo. Es una de las 30 personas más votadas en casi 100 mil que están en el rating online de Mars-One; una organización holandesa que está buscando reclutas en todo el mundo para entrenarlos durante diez años, convertirlos en colonizadores y mandarlos a Marte en 2023 sin el pasaje de vuelta. Serán los astronautas más mediáticos de la historia, porque durante todo el proceso se planea hacer un reality show con la vida de los seleccionados para financiar el proyecto.

Hay un vaho en el living producto del desodorante que Yuri echó para disimular el olor a porro y humedad. Se ríe porque sabe que fue en vano, y me invita a prender uno. No acepto y se ríe aún más. Es una risa que intenta esconder su nerviosismo, está ansioso por que conozcan su vida. Quiere que lo recuerden tanto como a Cristóbal Colón y a la perra Laika. Quiere vivir en Marte. Quiere ser famoso.

–Sentate ahí –me indicó señalando un sillón pequeño en el que me senté de costado para esquivar una moto vieja que atravesaba la pieza y con las piernas cruzadas para alivianar la molestia producida por la falta de almohadón. –Este otro sillón lo comió mi bebé –me dijo, estiró la sábana que lo cubría y se sentó. Su “bebé” es Connor, un gran danés.

Yuri intenta camuflar su lado más desprolijo, quiere mostrar lo mejor de sí para venderse bien, y de a ratos le sale. Al hablar mira a los ojos y mueve la mandíbula como quién tiene discinesia o consumió cocaína el día entero, pero se muestra convencido de lo que dice. Quiere ir a colonizar Marte y asegura que no le importa morir en el espacio “porque moriría como un héroe”. Cosa que según él “es lo más rock ‘n’ roll del mundo”.

Juega con el reloj dorado de su muñeca mientras afirma que está dispuesto a dejar todo por tener la posibilidad de “hacer una especie de Stargate en Marte, hacer un rebout de la humanidad”. Y yo le creo.

Tiene 27 años y más de 27 consolas de videojuegos desparramadas por la casa. Su hogar es frío, modesto y desordenado; hay platos sucios y en los rincones de los techos telarañas. Afuera, en el patio, tiene una moto imitación Ninja que compró hace cuarenta días, pero que fundió hace un mes.

Pudo mudarse y darse algunos gustos, como comprarse una televisión grande de pantalla plana y tomar clases de paracaidismo y piloto, porque trabaja en Tata Consultancy Services desde 2011. Ingresó gracias a su cuñado, que para evitar que se vaya a Paraguay a probar suerte con 20 mil pesos en la mano, entregó su currículum en la empresa. Antes Yuri trabajó como gondolero del Disco y fue policía por seis años. Odió ese laburo, pero entró porque necesitaba comer. A pesar de que no le pagaban bien, aguantó porque se sentía útil.

También se sentía solo. Paraguay era una excusa para salir de una rutina que aborrecía e intentar “encontrar [su] lugar en el mundo”. Porque hasta el momento no había hallado el amor ni estaba cómodo con su cotidianeidad. Ahora tampoco está enamorado, pero explica que es feliz porque vive bien. Sin embargo igual se quiere ir a Marte, y aunque no lo dice, otra vez está intentando escapar de su realidad.

A su viaje espacial sólo llevaría su Tablet llena de juegos y películas. Yuri no quiere nada más, sabe que ni su perro ni su Ninja van a poder acompañarlo. Tampoco va a poder volar un avión o practicar paracaidismo, cosa que hizo una única vez en su vida pero que le encantó; por eso detuvo sus cursos hasta el 31 de agosto, fecha en la que se conocerán los seleccionados para participar en Mars-One.

“Al fin y al cabo mi vida allá va a ser estricta, de investigación científica. Se va a llevar un equipo para realizar estudios para ayudar a la humanidad, vamos a seguir órdenes de la Tierra”, dijo, sonrió, y puso un ejemplo: “nos van a mandar a recolectar piedras en tal y tal lugar para ver si hay yacimientos de x material”.

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-Los Kickstarter cambiaron la mentalidad de la gente -afirmó y se arregló la caravana de la oreja derecha, que brillaba tanto como su reloj. El Kickstarter es una plataforma online donde uno puede donar dinero para una causa o un proyecto creativo. Según él, este método de financiación es lo que hace posible la existencia de programas como Mars-One. Yuri cree que las donaciones y las ganancias de la televisación masiva -que está prevista desde el inicio de la selección final- superarán los seis billones de dólares, suma que necesitan para llegar a Marte. “Pensá que eligen a 40 personas de diferentes países, entonces va a haber 40 países que esperan que su bandera sea la que llegue a Marte. Yo pienso que eso va a generar el evento mediático más grande del mundo”.

Él no desconfía de la legitimidad del proyecto, por eso al momento de registrarse subió su video de postulación al sitio web de la organización y pagó sin chistar los 15 dólares que le correspondían para hacer efectiva su inscripción. Hay cerca de 100 mil inscriptos; es decir que Mars-One ya tiene unos 1.500.000 dólares.

A Yuri tampoco le molesta la idea de que lo estén filmando día y noche, porque él es voluntario en Mars-One, y de la misma forma que está dispuesto a abandonar todo lo que conoce por emprender un viaje sin retorno, también está dispuesto a ignorar las cámaras y el sacrificio que le llevará lograrlo, como bajar de peso; porque Yuri es una hombre grande, ronda los 100kg. Tampoco le importa pasar el resto de su vida encerrado, aquí estuvo 48 horas en una garita cubriendo un 222 mientras fue policía y asegura que eso le sirvió de experiencia.

Yuri tiene una concepción mesiánica de Mars-One, cree que el grupo colonizador será capaz de desarrollarse “sin cometer los mismos errores que en la Tierra” porque serán entrenados para eso. Y justamente porque él no va a estar en la Tierra es que quiere donar su semen para tener descendencia. Piensa que “sería medio cool que le digan al niño ‘¿querés saber quién es tu padre? Mirá el cielo, no lo ves pero está allá, en Marte. Poné el canal 45”.

A Yuri no le importa la plata, él se quiere ir porque se le “llena el corazón de alegría de pensar en [que puede] ser uno de los elegidos para viajar al espacio”. Se pregunta de qué le serviría tener plata en Marte. “Se la mandaría a mis viejos, mi hermano tendría un Ferrari acá…y a todas las minas” comentó entre risas.

Las mujeres son algo que “podría llegar a extrañar”, dijo dudando, y agregó “se supone que en Marte vamos a tener descendencia” y haciendo la venia remató “en nombre de la ciencia, lo que sea”.

Él quiere ser reconocido y admirado, por eso acepta alegremente todas las solicitudes de amistad que le llegan por Facebook. Disfruta de su “pseudo fama”, ahora todos lo saludan al pasar y lo interrogan sobre su postulación. Yuri confiesa que tiene un “cassette” puesto y que generalmente las preguntas que le hacen son ¿por qué te quieres ir? Y ¿por qué no puedes volver? Cuestión que explica de forma sencilla “un cuerpo no soporta 14 meses de exposición a la gravedad cero porque llega a la Tierra y hace pujjjaaagggchiiijjjj” –sonido que sugiere que el cuerpo se descompone-. “Es todo muy mind-blowing” concluyó mientras ejemplificó el concepto haciendo ademanes con sus manos.

El tufo provocado por el desodorante se disipó entre el aire frío de invierno que entraba por las ventanas de hierro, pero el olor a marihuana persistió. También vive allí, junto a su moto tipo Ninja, su perro y el sueño de conquistar otro planeta.