EL TESORO DE LOS INOCENTES

Tiene 23 años y su día empieza a las doce y media, cuando su madre lo despierta al regresar de trabajar. Él se levanta, se pone las zapatillas Nike con resorte y se arregla el pelo. Si llega a la cocina y la comida aún no está servida la putea, y ella pide disculpas. Almuerza y sale de la casa golpeando las puertas, se va enojado, sin motivos aparentes. Camina tres cuadras hasta llegar a General Flores, cruza la avenida y avanza un par de metros más. Ahí está la boca: un viejo almacén en el que además de pan y leche se vende faso, o lo que sea estés buscando de postre. Compra y le pide al comerciante pasar al fondo. Se mete el porro debajo de la plantilla, y si es viernes, los gramos de merca en los testículos. Da las gracias y se va.

Se enchufa los auriculares, regresa a la avenida y espera el ómnibus. Mueve la cabeza al ritmo de Nene Malo y Los Redonditos de Ricota, una extraña combinación que lo deja contento y que hace que se acorten las distancias. Esta vez va a Barrio Sur, a casa de su novia.

Se baja dos paradas antes porque es cagón, aunque él se excusa diciendo que le gusta caminar. El Toco es “chetito” para vivir en Las Acacias y usar Nike, y sabe que los “planchas” pueden olerlo a lo lejos. Él no quiere tener problemas, aunque asegura que la “cana” le importa poco, por no decir nada, porque sabe que si cae preso levanta el tubo y sale rápido. Pero él es inteligente y no se regala, no quiere deberle favores a nadie.

De chico supo que era mejor así “porque después te vienen a joder, y a vos no te queda otra que cumplir, sino ‘estás frito angelito’”. Cuando tenía 13 años aprendió la lección a golpes, literalmente. Aún no dominaba la técnica para desmorrugar el ladrillo de marihuana y armar el pito, tampoco tenía plantas, ni pipas de agua, ni tucas, ni sabía recetas para preparar hachís. Así, un poco ignorante y otro poco ingenuo, fue que tuvo la pésima idea de pedirle a Francisco, un gurí del barrio, que lo ayudara a preparar su primer porro.

Francisco le enseñó cómo y después lo cagó a palos. Le dijo que desarmara el ladrillo con un cuchillo con dientes, o que lo colocara en la palma de la mano e intentara deshacerlo con las uñas. Pero que lo mejor era utilizar un desmorrugador, una especie de triturador del tamaño y forma similar a la de un yo-yo, que deja al porro listo para servir en la hojilla y fumar “parejo”. Esa vez El Toco lo desmorrugó a filo de cuchillo nomás, y le quedó bastante bien. Tanto que el vecino le pidió que armara otro, “para que vaya practicando”. Se quiso hacer el crá, y “por gil” le dieron la paliza. El púber había tenido suerte de principiante, y al segundo intento no desmorrugó bien, gastó cuatro hojillas, y para completar, le quedó desparejo. “Parecía que el pito tuviera piedritas, tronquitos”. Francisco no tuvo más remedio que “moverle el catre para que [se] vaya acostumbrando a hacer las cosas bien”.

Con el tiempo aprendió que en esos casos, en los que el porro le queda mal armado, puede intentar acomodarlo con algún palito o alambre, o sencillamente prepararlo otra vez. Que lo ideal es conseguir cogollo, no porro prensado. Y que sobre todas las cosas, no debe pedir consejos a extraños: hasta hoy le hace algún que otro “mandado” al vecino.

***

Hace diez años que El Toco fuma marihuana. Le gusta porque lo relaja y le permite concentrarse en cuestiones más banales, como los colores o la forma de las cosas. Su novia le dice que lo deja más sereno, más tierno. Ella disfruta fumando con él, y él con ella, por eso el faso bajo la plantilla de los Nike siempre llega intacto a Barrio Sur.

Al bajarse del ómnibus le manda un mensaje, quiere que sea ella quien le abra la puerta. Sus padres no lo quieren, por eso se escapan a la rambla o al Parque Rodó. Ahí se encuentran con amigos, casi todos en la misma situación, pero con menos plata: no trabajan, no estudian, no tienen un lugar para tener sexo con sus novias, no tienen un mango para comprar “algo dulce para el bajón”; pero siempre tienen faso.

Generalmente es El Toco el que lleva, no sólo porque es quién puede bancarlo, sino porque donde él vive se consigue marihuana más rica y barata con tan solo ir al almacén.

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