LA PLANTA MÁS POLÉMICA

Uruguay aprobó una ley inédita para regular el mercado de cannabis

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Las metáforas sobre fútbol siempre rinden. Revisar el Facebook o Twitter cuando el aburrimiento acecha, también. Esas son algunas de las conclusiones que pude sacar el martes 10 después de presenciar doce horas de debate en el senado sobre la ley de regulación de la marihuana. Las otras conclusiones, las que refieren a qué piensa cada legislador, las había sacado antes, en los meses previos al debate; porque todo lo que se discutió ya se había dicho.

Los senadores son 30, más el vicepresidente de la República, que es quién preside la cámara, y dos suplentes; todos juntos son 33, como los Orientales, pero más veteranos: tienen un promedio de 63 años de edad y aseguran que la droga es mala, y escriben lento en la computadora, mirando el teclado y apretando un botón por vez. Son políticos a los que les sube la cólera si escuchan argumentos contrarios, algunos de ellos piden permiso para interrumpir a los gritos, pero esperan su turno para hablar aunque la yugular les esté a punto de explotar. Son senadores de la República Oriental del Uruguay, el único país del mundo cuyo estado controlará y regulará la importación, exportación, plantación, cosecha, producción, almacenamiento, comercialización y distribución de la marihuana y sus derivados.

El proyecto del ley fue aprobado por 16 frenteamplistas con 13 votos en contra después de doce horas de discusión, varios cafés, y un sin fin de bostezos de senadores, visitantes y periodistas.

La aprobación de la ley fue celebrada por cientos de personas que coparon las barras del parlamento al final de la sesión, cerca de las 20. 30 horas, porque en la tarde hubo más prensa que activistas y senadores juntos. Con aplausos, risas y gritos de “¡Uruguay! ¡Uruguay!” el país se desalineó de la lógica prohibicionista de varios acuerdos internacionales y se abrió a la regulación de la marihuana. Según el prosecretario de presidencia, Diego Cánepa, esta política se enmarca en los “nuevos métodos de lucha para combatir el narcotráfico en América Latina”.

Consumir marihuana hace 40 años que en Uruguay es legal, pero, paradójicamente, era ilegal comprar, vender y/o plantar para vender, aunque era muy difícil determinar cuándo se cultivaba para el autoconsumo y cuándo para vender porque no había un límite establecido. Ahora esa incongruencia jurídica se eliminó: los mayores de 18 años podrán tener hasta seis plantas de cannabis -con una producción máxima de 480 gramos anuales-; cultivar hasta 99 plantas en clubes de membresía –que tendrán entre 15 y 45 socios-; o comprar en farmacias autorizadas hasta 40 gramos mensuales.

En los tres casos será necesario regristrarse en el Instituto de Regulación y Control del Cannabis, que dependerá del Ministerio de Saludo Pública y emitirá licencias y controlará la producción, distribución y compraventa de la marihuana. Según dispone la ley “la información relativa a la identidad de los titulares de los actos de registro tendrá carácter de dato sensible”. Quien no cumpla con la normativa vigente y sin autorización legal “produjere de cualquier manera las materias primas o las sustancias, según los casos, capaces de producir dependencia psíquica o física (…) será castigado con pena de veinte meses de prisión a diez años de penitenciaria”. Quien “importare, exportare, introdujere en tránsito, distribuyere, transportare, tuviere en su poder no para su consumo, fuere depositario, almacenare, poseyere, ofreciera en venta o negociare de cualquier modo” marihuana o alguno de sus derivados, también será castigado con la misma pena.

Se trata de una de las leyes más polémicas que ha aprobado el Frente Amplio junto a la despenalización del aborto y el matrimonio igualitario. Desde la presentación del proyecto de ley y su aprobación en diputados el pasado 31 de julio, los debates no han menguado, y en la sesión maratónica que se vivió en el senado el martes 10, fue reflejo de esa situación: inconformidad y cuestionamientos por parte de la oposición y justificaciones por parte del oficialismo.

El primero en hablar fue el miembro informante Roberto Conde, y desde el comienzo el murmullo y la distracción fueron casi constantes; Ernesto Agazzi buscaba la tapita de la lapicera, Luis Alberto Lacalle conversaba con Carlos Moreira, Pedro Bordaberry revisaba el Gmail, Constanza Moreira leía en su Tablet, y Alberto Couriel acomodaba su pie enyesado sobre un tacho de basura.

Conde dijo que la ley se enmarca en una política progresista que tiene como objetivo minimizar los riesgos y daños del uso del cannabis, y que apunta a lograr un equilibrio entre “la integridad física del individuo y su libertad”.

Para la oposición ese argumento no tiene goyete. Varios afirmaron que la ley tiene artículos que violan la Constitución. El senador colorado Pedro Bordaberry dijo que la creación del Ircca es ilegal según el Artículo 229 de la Constitución. Éste dice que los organismos del estados “no podrán aprobar presupuestos” ni “crear cargos” en los “doce meses anteriores a la fecha de las elecciones ordinarias”, cuestión que está prevista para octubre del año que viene.

Mientras Bordaberry cuestiona, Danilo Astori, el presidente de la cámara y vice del país, pone su celular a un metro de distancia para poder ver la pantalla, se acomoda los lentes y teclea con los dedos duros, sin coordinar los movimientos, apresurado pero sin precisión. Enfrente está el senador frenteamplista Luis José Gallo leyendo Ovación, Constanza Moreira deambulando por el recinto y sacándole fotos a la prensa en las barras; y las 14 cámaras de video que hay en ese momento, cerca del medio día, filman cada movimiento de los senadores, entre ellos la indisimulada sacada de mocos del vicepresidente.

Conde salió al cruce de Bordaberry, pidió que le concediera una interrupción y el colorado aceptó. Le respondió que no incurre en una inconstitucionalidad porque el organismo que se creará, el Ircca, es una persona pública no estatal, y que por ende el cargo rentado del director del instituto no dependería de ningún ente público.

Pero los cuestionamientos no disminuyeron, el colorado José Amorín Batlle aseguró que el Artículo 10 de la nueva ley, que dice que el “Sistema Nacional de Educación Pública deberá disponer de políticas educativas para la promoción de la salud, la prevención del uso problemático de cannabis (…) y reducción de daños del uso problemático de sustancias psicoactivas”, es inconstitucional porque viola el Artículo 202 de la Constitución. Según dijo el representante del Partido Nacional en la Administración Nacional de Educación Pública (Anep) Daniel Corbo, a El País, esta ley “incurre en una afectación de la autonomía” porque “se obliga a tener una materia, se dice el nombre y bajo qué paradigma discutirlo”.

Los senadores frenteamplistas Conde y Agazzi admitieron varios días antes de la votación que “los compañeros se equivocaron”, pero que igualmente se aprobaría así la ley. Y fue lo que ocurrió, ninguno de los dos chistó cuando Amorín Batlle habló sobre el tema, aunque el senador colorado Ope Pasquet, quien habló a continuación, discrepó con su compañero de bancada y dijo que “la legislación puede señalarle grandes objetivos a la educación pública”.

A todo esto, el secretario de la Junta Nacional de Drogas, Julio Calzada, hace rato que estaba siguiendo el debate desde la barra, estuvo más tiempo en sala que la mayoría de los senadores, aguantó las 12 horas sentado y no se perdió de ninguna exposición, de ningún suspiro ni pedido de silencio de Astori a los senadores. El diputado del Movimiento de Participación Popular Sebastián Sabini también andaba en la vuelta, entraba de a ratos a la sala junto al diputado por Rocha del mismo partido Aníbal Pereyra, se cruzaban comentarios con Agazzi, hablaban por lo bajo y reían.

Eran las 13.30 horas y había unos 30 periodistas, internacionales y locales, siguiendo la votación junto a Calzada. Eso en las barras, abajo, donde están los sillones y escritorios de los senadores, Agazzi se sonaba la nariz como buen veterano guerrillero, con un pañuelo de tela, nada de andar comprando Elite. En la Mac de Bordaberry se sucedían fotos de animales de campo, vacas, caballos, pájaros y unos pastos altos, mientras él leía una nota sobre los comentarios del presidente José Mujica en su viaje a EEUU en setiembre, y subrayaba con verde flúor “experimento sociopolítico”, “laboratorio para todo el mundo”. Del otro lado del recinto, Lacalle conversaba con Carlos Moreira y Astori cabeceaba dormitando.

Cuando le tocó hablar a Lacalle, cerca de las 15:15 horas, a Couriel  no paraba de sonarle el smarphone. Nervioso y con un pie enyesado no encontraba el botón para silenciarlo, desesperado terminó contestando, habló susurrando y mirando para todos lados, perseguido. En ese momento presidía la cámara el frenteamplista Luis Rosadilla, quien no parecía acostumbrado al cargo porque no se había dado cuenta que la campanita que tiene sobre el estrado a la derecha es para llamar la atención.

Mientras, el senador blanco decía irónicamente que el turismo uruguayo aumentará porque tener “marihuana en las golosinas y en los bizcochos [es un] elemento pintoresco”. Además, aseguró que si el estado se hace cargo de todo lo que dice la ley existirá un monopolio de la marihuana, y que eso también es inconstitucional porque se necesitan la mayoría especial -los votos de los dos tercios de cada cámara- para aprobar una acción de este tipo. “Vamos de nuevo a la Suprema Corte de Justicia con un tiro en el ala porque ahí está el germen de otra inconstitucionalidad”, dijo.

La palabra que usó Mujica para describir la nueva ley, “experimento”, fue la muletilla del día. El senador por el Partido Nacional dijo que “con los uruguayos no se tendría que experimentar”, aunque el primero en hacer referencia a los dichos del presidente fue el colorado Alfredo Solari, quien afirmó que “ni nuestro gobierno ni el resto del mundo deberían experimentar con los uruguayos, con nuestros niños y adolescentes, sin las garantías adecuadas”.

Bordaberry siguió esa línea y haciendo alusión a la Ley de Humanización del Sistema Carcelario del 2005, dijo con tono sarcástico que “experimentaron con la seguridad pública y causaron un destrozo, ahora nos proponen experimentar con la marihuana y la droga”.

La oposición también habló sobre el informe que elaboró la ONU y que decía que Uruguay estaría incumpliendo con algunos tratados internacionales de fiscalización de estupefacientes, entre ellos lo dispuesto en la Convención Única de 1961, la cual ha sido adoptada por 186 países.

Cuando hizo uso de la palabra Jorge Larrañaga, Lucía Topolansky y Agazzi conversaban por lo bajo y reían, no le prestaron mucha atención a las preocupaciones del senador, quien dijo que quería saber cómo se controlará a los compradores o cultivadores de marihuana para que no vendan irregularmente el cannabis estatal y si la droga será transportada en un “convoy con el ejército al costado” para evitar asaltos.

El senador blanco también aseguró que le inquietaban los dichos del ex presidente Tabaré Vázquez, quién dijo que habría que regular y controlar la cocaína: “el consumo de cocaína está prohibido (…) y resulta que si aprobamos esta ley después tendremos que aprobar la de la cocaína”, dicho que causó la risa de varios periodistas y el comentario de “es un burro”, porque la ley vigente no prohíbe el consumo.

Son casi las 18 horas y el debate continúa, el senador blanco Sergio Abreu trajo a coalición el encuentro entre Mujica y los empresarios George Soros y David Rockefeller, quienes apoyaron la iniciativa uruguaya, y dijo que somos “los ratoncitos uruguayos en el laboratorio de Soros”, a lo que Lacalle asintió con la cabeza y gritó “muuuuuyyyyyy bbbbiiiieeeeeeennnnnn”.

Mientras, Constanza sacaba notas de los dichos de los senadores de la oposición, y cuando pudo, salió al cruce y contestó que “la idea de laboratorio está muy mal interpretada. Se habló mucho del Batllismo como laboratorio social. En la literatura de las ciencias sociales significa otra cosa muy distinta que usar ratoncitos en un laboratorio”.

En la barra está el ministro de Desarrollo Social, Daniel Olesker, conversando con Calzada, en el recinto, Astori sigue cabeceando.

El senador Solari también hizo referencia al encuentro en Estados Unidos de Mujica con los dos magnates y aludió al movimiento Regulación Responsable, Ong que recibe fondos de Soros. “Si las consecuencias de la aplicación de la ley fueran negativas, espero que tengan la misma disposición a mitigar las secuelas que pueden llegar a ser irreversibles”, dijo Solari. También Bordaberry se refirió a las reuniones de Mujica, pero en un tono irónico. “La revolución era esto… Antes marchaban con el Che por la tierra. Ahora se marcha con Rockefeller y Soros por la marihuana. ¡Esa fue la revolución!”, dijo a los gritos aludiendo al pasado guerrillero del presidente.

Después de las 20 horas se llenaron las barras: la marcha musical en apoyo a la nueva ley que había salido de Plaza Cagancha una hora antes había llegado a las escalinatas del Palacio Legislativo. Habrían unas 3000 personas afuera, dentro unas 300.

La impaciencia se hace sentir, el murmullo aumenta, los senadores están inquietos, las panzas crujen de hambre.

21.15 Bordaberry se retira. El prosecretario de presidencia Diego Cánepa anda en la vuelta. Sebastián Sabini vuelve a aparecer. Dos visitantes que están en la barra vestidos con remeras blancas y una chala de marihuana estampada lo saludan, el diputado no los ve, no responde.

Son un hombre y una mujer de unos 35 años que sudan alcohol, huelen mal, hablan a los gritos y festejan cuando Astori toca la campanita para pedir silencio o para renovar el tiempo de oratoria a los senadores porque piensan que está anunciando que se les acabó el tiempo para hablar, y cuando se dan cuenta que no es así, putean. Y dicen que van a tener muchas plantas y que además van a comprar en la farmacia y plantar las semillas que saquen de ese porro. Dicen que serán felices. Y se ríen.

Al lado de ellos está una periodista argentina de Radio Del Plata que mira a Carlos Moreira con odio. Habla de él como si estuviera escupiendo fuego: asegura que es un “facho mentiroso” porque le dijo que “el gobierno argentino había dicho que estaba en contra del proyecto” y que eso es falso, que en Argentina el gobierno no se ha referido al tema.

Pero no son los únicos en las barras, también hay varias personas que siguen la votación sin gritar, sin escupir insultos y que escuchan con atención lo que están diciendo los senadores.

***

El clima está tenso.

Desde el oficialismo se dijo que aún quedan varios asuntos para ajustar en la reglamentación, que será elaborada por el Poder Ejecutivo dentro de los 120 días de aprobada la ley. Entre los asuntos pendientes está la definición del tipo de semilla que se plantará, cómo se realizará el registro de los usuarios, y el precio.

Se suda ansiedad.

Julio Calzada aseguró que lo que se intentará hacer es vender una marihuana de calidad más barata que la que se consigue en el mercado ilegal, por eso se estima que el precio final será de dólar por gramo. Si todo sale según lo previsto, se podrá comprar porro en las farmacias a partir del segundo semestre del 2014.

El silencio invade la sala.

Está a punto de comenzar la votación.

Será nominal a pedido de Larrañaga.

 Comenzó.  La gente en las barras se paró. Varios senadores pidieron para justificar su voto, entre ellos Solari, quien dijo que “las madres no piensen que [su partido] las está abandonando”. Que seguirán luchando.

Tati Sabini se ríe. Constanza también.

Con 16 votos a favor se aprobó la ley. Senadores oficialistas, diputados y autoridades presentes, periodistas y visitantes aplaudieron y festejaron al unísono. Hubo una sola persona que al finalizar los aplausos no se pudo contener, y gritó “al fin ¡las plantas son libres!”.

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