Sanar en la tierra

O cómo transformar un basural en quinta: el ejemplo de rehabilitación de ocho presos de la cárcel de Canelones

Era viernes, pero el ruido era igual al de cualquier otro día: palos contra metal, metal contra metal, cuerpos contra metal. Gritos cargados de furia y desesperación. No los vi, pero me contaron que unos 1.000 hombres ven el sol tres horas por semana, que duermen de a ocho en piezas pensadas para cuatro y que no hacen más que esperar en un encierro que enloquece. Y se cortan los brazos para sentir algo. Más allá del tiempo. Más allá del castigo. Cuando la angustia los agobia, cuando se pelean, cuando necesitan pedir algo, aúllan y golpean los barrotes de sus celdas. Después los guardias, después el silencio. Eso el viernes, eso siempre.

Dentro del galpón de ladrillos tupido de alambres de púas y rejas: la prisión. Adentro, el olor a encierro, a sudor, a la putrefacción de la ropa que no se seca bien. Afuera, la luz y la tierra, pan, bloques, lombrices, bolsas con plástico y cartón reciclado, plantaciones de tomates, zapallos, girasoles, lechugas, flores. Hombres que una vez vivieron en el galpón, con chalecos amarillos que tienen estampado el logo del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR). Ese puñado son los privilegiados del Centro de Reclusión Nº 1 de Canelones, los que tienen la oportunidad de trabajar para redimir pena. Ocho de ellos son los encargados del único predio verde de la cárcel, la quinta. Afuera, el olor que emana el galpón, el tufo omnipresente.

Vigilar y castigar

El director del INR, Luis Mendoza, tiene claro lo que tiene que hacer: recorrer todas las cárceles, porque sabe que “el ojo del amo engorda el ganado”, dice. Ayer fue la cárcel de Canelones, que es así: tiene tres sectores, el Módulo 2, que es el de máxima seguridad y es donde están los que por primera vez cometieron un delito, y los otros, los que ya tienen un historial. Luego está el Módulo 1, donde está la gente que trabaja o estudia, y el sector de barracas, donde están las personas próximas a egresar. En los tres sectores hay gente que trabaja o estudia, 664 en total. 176 presos trabajan dentro de la cárcel, seis fuera; 250 realizan algún tipo de actividad sociocultural o deportiva y 189 están recibiendo educación formal o informal. A través del trabajo y el estudio redimen pena; cada dos días se les descuenta uno.

Trancados bajo el sol

Cuestión de rutinas. 7.30 arranca su día, a las 9.00 empiezan a trabajar. Reciclan plástico y cartón, tejen alfombras, hacen bloques, pan y bizcochos, adornos para el jardín. Otros trabajan la tierra y semanalmente llevan una carretilla de alimento orgánico a la cocina de la cárcel. Rastrillan, hacen surcos y canteros, siembran, ven crecer las plantas, cosechan y comen.

“Entendemos perfectamente de qué se trata la rehabilitación y tratamos de dar el ejemplo de trabajo y multiplicarlo. Sembramos valores de solidaridad, compañerismo y respeto junto con las hortalizas”, explicó Adrián, que está preso desde hace tres años. Dos años atrás se le ocurrió ir con un puñado de lombrices en las manos a golpear la puerta de Carlos Bermúdez, el subdirector de la cárcel, encargado del Área Laboral. Le quería contar que estaba utilizando los desechos orgánicos de la cocina de la cárcel, donde hacía un año que trabajaba, para producir humus en una conservadora de espuma plast. La basura -la basura de 1.000 presos- que se enterraba en “el predio de atrás” era un problema: el olor era -es-, insoportable. A los dos días recibió una noticia que le cambiaría la rutina y la cabeza: Bermúdez le pidió que juntara diez personas para armar una quinta. Los juntó, de esos diez quedaron cinco, y esos cinco transformaron el “predio de atrás”, el terreno baldío al fondo a la izquierda de la cárcel destinado a ser quinta, un basural donde, además de la porquería, se enterró la materia fecal de los presos durante un tiempo, o por lo menos eso dijeron.

La tierra se abonó, reprodujo lombrices y yuyos, y trajo “tranquilidad” a los participantes. “Pusimos tanta voluntad que en una semana ya teníamos canteros hechos, y cuando vino el ingeniero agrónomo Hugo de Melo a enseñarnos a plantar, se sorprendió. Él se entusiasmó y trajo de su casa una mata de tomate, otra de orégano, de tomillo, y cada vez nos traía una planta diferente. Vio que estábamos motivados”, afirmó Adrián. “Hicimos como los aztecas, construimos nuestras propias herramientas y pensamos constantemente en cómo mejorar; por ejemplo, el sistema de riego era de tracción a sangre, llenamos un tanque de agua y hacíamos cadenas humanas”. Ahora tienen manguera, un regalo de Huertas Comunitarias Montevideo (HCM).

“Como líder les dije que no me sentía más que nadie, acá seguimos al que tiene la mejor idea, lo escuchamos y hacemos. De esa forma fuimos aprendiendo de nuestros errores y cada año fuimos perfeccionándonos”, dijo Adrián, y Sebastián, uno de los que trabaja en la quinta, asintió y acotó: “Es dar un paso adelante”. Dieron tantos pasos adelante que ahora producen más de lo que les permite el espacio de la quinta; “tiramos semillas de tomates y salieron demasiados”, contó Adrián. Por eso se les ocurrió que podían dar los plantines a escuelas y comedores. Entonces decidieron contactar a HCM.

La ciudad comestible

Ése es el gran sueño de los fundadores de HCM, Inés Velazco y Diego Ruete: hacer de Montevideo una ciudad comestible sustentable, plantar en todos sus espacios verdes y reconectar a las personas con la tierra. Sembrar, cosechar y comer. La idea surgió hace un año porque a Velazco le preocupa qué hacer con los “desperdicios orgánicos y las semillas, la privatización de ciertas semillas, de los pesticidas en los alimentos”, y sobre todo la “producción del alimento como producto y no como alimento”, contó. En ese momento se puso las pilas, hizo un curso de huerta orgánica y le pidió a un amigo que tenía en venta una casa con un terreno baldío de unos 20 metros al fondo, en el Cordón, para trasladar los tomates de su balcón a la tierra. “Ahí me encontré con Diego, que es un hacedor y emprendedor. Vinimos un fin de semana y le encantó el lugar, y pensamos en abrirlo a la gente”, señaló. “Sabíamos que iba a ser grande, pero no tan grande”, acotó Ruete. Hicieron un llamado por Facebook para limpiar el terreno, fueron 20 personas, transformaron el lugar en un par de días y empezaron a plantar. Se fue corriendo la voz y se formó una “comunidad con gente de diferentes estratos sociales, culturales y hasta nacionalidades, con el mismo interés por volver a la tierra”. Los huerteros están convencidos de que plantar “puede llegar a transformar la sociedad y solucionar el problema de la alimentación. Si cada vecino le dedicara una hora por semana, estaría resuelto”.

Los privados de libertad se contactaron a través de sus familias con HCM porque consideraron que “su idea era la más parecida” a la que ellos tenían. “Esta gente está ayudando a otra gente”, explicó Adrián. Así nació el vínculo entre presos y huerteros; ahora intercambian semillas y experiencias. “Queríamos hacer valer nuestro trabajo, por eso decidimos plantar el terreno a la máxima expresión, producir lo máximo, y el excedente darlo en los plantines. Ahí [dijo señalando el galpón] viven 1.200 personas y muchas no tienen familia ni visitas, y el tema de la comida es vital. Nosotros, por diplomacia, decidimos no ponernos entre las personas con hambre y la comida; nuestra comisión cría las plantas, después quien se las coma nos es indiferente”, aseguró Adrián.

Un trato por el buen trato

Velazco entiende que plantar “te da un sentido de pertenencia y utilidad, es saludable y muy terapéutico. Vuelves a lo comunitario, a resolver problemas entre todos. Te conecta con la vida, con los ciclos. Los humanos somos tierra”. Así también piensan los presos: “Cambia mentalidades”, aseguró Adrián, y contó que “el grupo se siente orgulloso. Mirá a Sebastián, hace unos años tenía un problema tras otro, era como bicarbonato en el agua, no te muestra los brazos porque por algo los tiene tapados, pero se vino acá y se enfocó en dar vuelta la tierra como ejercicio físico; después vio que se podía comer lo que se plantaba, que es el segundo punto que le interesó; después vio que era tranquilo, y cuando le dije que podíamos ayudar afuera dijo ‘vamos a sacar esto adelante a como dé lugar’, y así fue, así lo ves”.

Jonathan, otro de los integrantes de la comisión que trabaja en la huerta, también asegura que la quinta le “cambió la cabeza”. “Yo cometí un error y terminé acá. Hace cinco meses que estoy acá. No tenía mucha noción de la tierra, pero siempre me gustó, siempre vi a mi abuela regar y plantar y todo, aprendí abundante, así, a plantar; siempre vas a tener trabajo y siempre vas a poder cosechar en la tierra, siempre. Y ta’, pensé que, mi deseo, lo que anhelo, es salir a la calle. Yo tengo un campo de 12 hectáreas y en mi barrio hay muchos pibitos que están en la calle, y mucha delincuencia… pensé en ponerme con los Jóvenes en Red o algo así para juntar pibitos y enseñarles a plantar. Los va a ayudar a sacar de la calle, les va a cambiar la cabeza un poco, porque errores cometemos todos, ¿o no? Planto y digo ¡cómo crece la planta! la miro así y digo ¡fah! creció y esto lo hice yo, y ahí voy madurando. Corte que me cambió todo así la tierra”. Jonathan “perdió” a los 18 por rapiña, ahora tiene 20, le faltan cinco años y dos meses para salir.

Adrián aseguró que “todos” estarían “encantados de poder hacer huertas en una escuela, en un comedor. “Lo haríamos con muchísimo gusto porque lo vamos a hacer bien”, dijo, y sus compañeros asintieron con la cabeza, sonriendo. Siguió: “Esto es el jardín botánico de la cárcel. Vienen diputados, ministros y ¿qué les muestran? La quinta, porque vienen a las dos de la tarde y estamos trabajando, vienen a las 10 de la mañana y también. El trabajo se ve”.

Nota publicada en La Diaria el 18/12/2014 http://ladiaria.com.uy/articulo/2014/12/sanar-en-la-tierra/

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El hombre orquesta

Mateo Mera, el músico de la luna

Mateo Mera dice ser así: un hombre, un hijo, un publicista, un novio, un escritor, un autodidacta, un músico. Tiene 25 años y hace diez que escribe canciones y compone melodías, y dice ser un artista que nunca tuvo miedo a “pararse delante de un montón de gente y cantar, pero sí de mostrar lo que hacía”. Mateo Mera y sus 25 instrumentos musicales. Mateo Mera y el miedo a exhibir sus creaciones, su “parte más íntima”. Mateo Mera: el músico que un día se cansó y echó a patadas a sus miedos, y cantó, tocó, grabó y lanzó un disco con sus intimidades. Un inconformista que no tiene idea de qué lo hace ser músico ni sabe por qué todas sus canciones juegan con la noción de “escaparse, irse o ser otra cosa”. Un perseverante.

Sobre los puentes y las alturas es su primer trabajo discográfico. Se trata de ocho canciones que combinan folk, indie, pop y rock con secciones únicamente instrumentales. Lo editó de forma independiente y él mismo grabó todos los instrumentos, desde guitarras hasta un sitar indio (presente en el tema “Destrucción china”). El proceso de grabación le llevó ocho meses; fue producido por Daniel Anselmi y masterizado en Buenos Aires por Andrés Mayo. El disco fue lanzado en noviembre y, aunque lo presentará entre marzo y mayo de 2015, hoy tocará algunas canciones en el centro cultural Vissi d’Arte a las 22.00: llevará invitados, pero no tiene una banda, él dice ser “un hombre orquesta”. Transformó una valija Samsonite en bombo y le puso un pedal de pandereta, entonces toca la guitarra y la armónica, y tiene la percusión en los pies. Así planea ir de bar en bar.

“¡Panchoooo!”, le grita a su perro salchicha para que deje de ladrar. “¿En qué estaba? Ah, sí… el disco tiene que ver con tomar el control de mi vida, en poner y conseguir. Tenía que sacarme el miedo a hacer las cosas. Todo es cuestión de perseverancia. No creo en el don, creo en la perseverancia, y yo trabajo mucho. Me puse en un plan que es que no puedo aceptar un no; si pensamos una idea y está buena, se hace, después vemos cómo. Vamos pa’delante siempre”, explicó. Así surgió la compra de una luna de plástico desarmable de cinco metros de diámetro, ploteada, que importó de China: “Cuando decidí que el corte difusión era ‘Encuentro en la luna’, dije ‘¿y si pongo un montón de lunas bajo el puente de Sarmiento?’. Después decidí que no, por el nombre del disco; ahí se me ocurrió traer una luna gigante, y entré a las páginas de proveedores chinos para ver si hacían lunas. Y la conseguí”.

Después, Mera contó que el miedo fue un motor para lanzar el disco, que en “un momento” de su vida entendió que “hay gente que tiene miedo a lograr lo que quiere” y que no quería ser así. “Acepté el desafío y está buenísimo”, dice, sonriente, y explica: “Quedarte en tu cuarto y tener miles de canciones es una pavada, porque ahí no hay peligro, nadie te va a criticar porque nadie las escucha. Todos los temas que están en el disco fueron básicamente superar miedos: a exponerse, a sacar algo profesional, algo con tu nombre, a recibir críticas inesperadas, a superar problemas con amigos”.

El perro no se calla. “¡Panchooooooooo! Este perro me vuelve loco”, aclaró, y habló sobre el proceso de elaboración del disco. “Eeeeeh… Las canciones ya las tenía y el disco lo había empezado un año antes en mi casa; tengo mil horas de grabación en mi cuarto. El plan inicial era hacer un audiolibro para el que escribí una mininovela de 30 páginas; quería corresponder una canción a un capítulo. No me funcionó, así que empecé a grabarme y, claro, al grabar, mezclar, producir y escucharme solo… me volvió loco. Pasaba 11 horas durante semanas con una o dos canciones; llega un momento en que no escuchás, te volvés paranoico, perdés las referencias. Ahí me di cuenta de que necesitaba ayuda. Lo que sí me costó es que si yo no iba a grabar el bajo, el bajo no se grababa, y eso atrasó los plazos”.

Mera reconoce que Sobre los puentes y las alturas le cambió la vida aunque en realidad no le cambió nada, pero ahora es “más feliz”, algo que, según él “no se mide en canciones”: “En algún punto sí cambió, todo, aunque [al disco] no le vaya bien. No es un tema de éxito”. “Sin dudas la pasión es ser músico, pero también hay una cosa que tiene que ver con mi personalidad: ser perseverante”, apuntó. “No estoy nada satisfecho, me gustaría cantar mejor, tocar mejor, querer mejor”, agregó. Por ser perseverante se compró un generador para la luna y llegó a ensayar 11 horas tocando el piano para aprender “medianamente bien”. Aprendió, grabó. Lo mismo le pasó con el sitar: buscó hasta que encontró a un sitarista argentino que lo ayudó a conseguir el instrumento, fue a clases y aprendió que con el sitar “no tocás canciones, tocas ragas, que son ‘estados de ánimo’”, y que “el sonido nace, se desarrolla y se muere”; a diferencia de lo que pasa en Occidente, donde “cuando un sonido se muere es porque se terminó la canción”. Las ragas no están escritas, tienen una “estructura mínima, porque lo importante es capturar elfeeling del raga”, explicó. “Lo interesante es que no importa si sos Ravi Shankar o Mateo Mera, sino que vos te ponés al servicio de una cosa superior, que es desarrollar el raga correctamente”, agregó, y dijo que le “encanta” la “despersonalización” que permite ese instrumento.

“Me está volviendo loco ese perro. ¡Shhh! Me desconcentra, no puedo. ¡Panchoooo!”, le gritó, lo agarró y lo entró a la casa. “Ta”.

“A la hora de ser músico tiene mucho que ver con dónde estás parado hoy”, dijo, y explicó que sus letras hablan de eso: “El tema uno del disco [‘Vida Salvaje’] trata de un travesti, y no es que hubo una intención de ‘oh… la canción re loca sobre un travesti’. Pero era como… no sé… si en 2014 un pibe uruguayo no habla de esas cosas, ¿de qué va a hablar? No quería que el disco fuera sobre lo importante que es tener una novia, que conceptualmente se trate de eso, porque yo no lo siento así en mi vida y de hecho en el disco no hay canciones de amor. Mi contexto no me lo hizo escribir. Es re interesante un travesti, el discurso. Fue interesante hacerla sin generar un estereotipo del travesti; no quería generar un discurso que ya existe, ni mostrarlo como una persona degenerada, como alguien que traspasó el límite”, contó. “Tampoco me gusta contar el significado de las canciones, porque se empiezan a llenar con mi interpretación y en verdad no es lo que yo escribo, sino lo que vos interpretás”. Pancho ladra desde adentro.

“El disco se iba a llamar En medio de algo, pero no me convencía. Antes de que saliera estuve seis días en la selva de Ecuador y aún no tenía nombre. En ese viaje descubrí un miedo a las alturas desconocido, que no tenía. Estando ahí no podía subir una escalera. ¡Un papelón! Y nunca tuve un problema de vértigo. Sobre el puente… es porque el disco se trata de superar miedos”.

Artículo publicado en La Diaria el 18/12/2014: http://ladiaria.com.uy/articulo/2014/12/el-hombre-orquesta/

Un caso aparte

El trabajo como motor rehabilitador en la cárcel de Juan Soler

Es una cárcel, pero si mira un ojo desprevenido, parece una empresa. Está en la ruta 11, en el kilómetro 41,500. Ahí hay un camino de tierra de unos diez metros que une el asfalto con un muro de alambre y hierro con púas en la cima. El tejido rodea un cantero con flores, tres tanques de agua, la bandera uruguaya, la de Artigas y la de los Treinta y Tres Orientales, cabinas telefónicas, y los celdarios. Hay pasto alrededor, y en el fondo, una huerta, un camión y un tractor. Rodeados de esos alambres y entre todas esas cosas, hay hombres haciendo bloques y carpiendo, con delantales blancos y harina en las manos, con lentes de seguridad trabajando con hierro, cortando la madera con una sierra, la carne con una cuchilla. Todos son custodiados por policías, pero el trato es con los operadores penitenciarios. También hay mujeres, funcionarias que visten remeras celestes con el logo del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR).

Son casi las diez de la mañana de un viernes primaveral en la cárcel de Juan Soler y en la sala de entrada se ve esto: un espejo grande, plantas, sillas, puertas y mostradores con ventanillas para la atención al público. Un cartel del INR que defiende los derechos sexuales de los presos. Tres pasillos: a la derecha, la secretaría, una sala que tiene máscaras blancas de yeso hechas por los internos, un baño pequeño y limpio, como el de mamá; a la izquierda, el despacho del director, Diego Grau; al centro, un pasillo largo con rejas que ofician de puertas, cada tres metros. Una mesa de ping-pong plegada en el medio. También hay un sector de admisión, donde llevan al preso en su primer día en la cárcel y donde se intenta que no esté más de 24 horas. Es así: una celda con una cama de concreto y un pozo al lado para defecar y orinar. El colchón y la frazada llegan después. Nada más. La luz está incrustada a la pared, no hay tomas de corriente ni vidrio en la ventana. No hay agua. Ahí también van a parar los que se portan mal o tienen crisis nerviosas.

Los módulos son tres: el A-B, de máxima confianza; y los C-D y E-F, con celdas de cuatro por cinco metros, que albergan en total a 117 presos. Después está la cocina, los patios internos con cuerdas para colgar la ropa y con teléfonos monederos -se están haciendo gestiones para que los presos puedan tener celular-, la sala de visitas y las salas conyugales. Y las rejas.

70% de los que viven ahí tienen entre 18 y 29 años, y 83% son presos primarios: nunca antes habían sido procesados. Todos ellos trabajan o estudian, o ambas cosas, a excepción de los que por edad o certificado médico no pueden hacerlo.

Grau, que dirige la cárcel desde mayo de 2013, asegura que justamente porque hay pocos internos reincidentes y la lógica reinante es la de cumplir horarios, es que las rejas están cerradas por un pasador y no tienen candados ni trancas: los códigos carcelarios no están arraigados en la institución. Esas puertas y ese camino de tierra de diez metros que los separa de la ruta podrían ser el boleto de salida de cualquiera de ellos, pero la libertad en Juan Soler no es una ganga.

Es una cuestión de “confianza”, sostuvo Grau. “Los mismos presos levantaron el tejido perimetral [que rodea la cárcel] y que ‘tranca’ al resto”, y eso sería irreproducible en casi cualquier otra cárcel del país. Ningún preso trabajaría para impedir el escape de un compañero. Pero como no prima ese código, si hay que hacer un cercado o si se rompe el existente, los presos van y lo hacen, van y lo arreglan. Así redimen pena.

En Juan Soler hay diversos emprendimientos laborales para que los presos se habitúen a las rutinas. Surgieron a raíz de un convenio firmado en 2009 entre el Patronato Nacional de Encarcelados y Liberados (PNEL) y la Unión Europea. Dentro de la cárcel pueden trabajar carpiendo, cortando leña, limpiando, cocinando, haciendo bloques, en la panadería, en la herrería, en la carpintería o en la chacra, plantando. Si marchan bien las cosas, se convierten en candidatos para trabajar extramuros. Hoy hay 25; 18 consiguieron las pasantías laborales por intermedio del PNEL y los otros siete las consiguieron por su cuenta.

Trabajar es una ecuación que al preso siempre le da positivo: mantiene la cabeza ocupada, si trabaja fuera de la cárcel no pasa “trancado” dentro, redime pena -cada dos días trabajados se descuenta uno-, y en algunos casos cobra un peculio. No sale perdiendo.

Mediante el convenio mencionado también se construyeron dos aulas, una biblioteca, una sala de informática y otro módulo para albergar a 15 presos, que no se ha estrenado por falta de funcionarios. Se compró un tractor y un camión. Todo fue construido por presos, y son ellos los que mantienen las unidades. Por ejemplo, cuando alguien raya un banco de la escuela se averigua “quién fue y se hace un informe. Eso va a la Junta de Disciplina y ahí se aplica una sanción. Generalmente son sanciones leves, una grave sería si le encuentran un corte, cosa que generalmente acá no pasa”, aseguró Grau.

A partir del año que viene cosecharán lo suficiente para autoabastecerse y cortarán leña para repartir en todo el sistema penitenciario. Juan Soler tiene el proyecto de instalar una carpintería de aluminio.

La diaria

La rutina es así: a las 7.30 suena un timbre para que los presos se levanten, a las 7.45 se forman para salir a sus comisiones laborales o a estudiar, y los operadores penitenciarios pasan a buscar por la celda a aquellos que trabajan afuera, para que a las 8.00 emprendan viaje. Desde las 9.00 hasta las 23.30 pueden tener la puerta de la celda abierta. A partir de las 16.00 hay actividades recreativas y procesos terapéuticos: taller de máscaras, campeonatos de fútbol, ajedrez, ping pong. También hay rehabilitación de drogas, aunque Grau aseguró: “El tema del consumo está bastante controlado, podemos tener marihuana algunas veces, pero todo indica que no tenemos pasta base ni cocaína. Se hacen requisas para tratar de incautar”. Señaló que por “eso es baja la conflictividad de la unidad”. Grau piensa agregar “un programa de pensamiento pro social para trabajar las diferentes habilidades sociales”.

Las visitas son los fines de semana, de 9.00 a 17.00. “[Los presos] no tienen el poder de decidir si hacen o no hacen. Si no hacen una actividad se los traslada a otro establecimiento; nosotros no podemos obligarlos a trabajar pero sí podemos ampararnos en el interés de que tenga de progresar. Vemos si tiene o no tiene el perfil” de Juan Soler, dijo Grau. La idea es que los presos se capaciten: si no terminaron la escuela, que lo hagan y empiecen el liceo; también se les enseñan oficios, como carpintería, galletería, panadería e informática, por intermedio del Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional y la Universidad del Trabajo del Uruguay.

Los hábitos se incorporan mediante la repetición. “Tienen que levantarse y ordenar la celda, lavar la ropa, mantener la higiene personal”, enumeró Grau. El director dijo que por eso “no dejamos que se hagan tatuajes en las celdas o se corten el pelo y se hagan cualquier corte. Hay un peluquero; ellos tienen un día para eso. Tampoco dejamos que tengan piercings ni alhajas”, y explicó que es porque “se presta para el tráfico”, entre otras cosas, y que hay que “dar el ejemplo” para que sea más coherente el cumplimiento de ciertas normas. “Acá no vas a ver ningún funcionario que ande con brillantes colgando”, afirmó.

Irreproducible

Cuando Grau llegó en 2013, Juan Soler estaba superpoblada: tiene capacidad para 120 presos y había 163, 18 de los cuales dormían en el piso. Ahora sobran tres lugares y la mayoría son primarios, y se respetan horarios y normas. “Acá no se les permite que golpeen las puertas”, señaló. En esas cosas Grau ve la razón por la que es casi imposible la reproducción del sistema que él implementó: “Si esta unidad tuviera 500 presos sería otra cosa, porque habría mayor conflictividad. Cuando el número es más chico uno conoce el nombre y apellido del interno, la carátula, si tiene visita, quién lo recibe, si está estudiando, en qué trabaja. Y así uno puede estar arriba de él para que haga las cosas. Eso sólo se puede hacer en una unidad chica. Acá se los individualiza, no son una masa. Si no funciona, se lo traslada”, agregó. En esos casos, generalmente van a parar al Comcar y después al penal de Libertad, el agujero negro del sistema penitenciario.

Nota publicada en La Diaria el 04/11/2014: http://ladiaria.com.uy/articulo/2014/11/un-caso-aparte/

Seguir a Artigas

Con Gonzalo Abella, el candidato a la presidencia de Unidad Popular

Abella es maestro e historiador, y líder del partido político Unidad Popular (UP), que surgió en abril de 2013 tras la decisión de Asamblea Popular de reunir esfuerzos y formar una coalición con la Agrupación Nacional Pro-Unir, Movimiento 26 de Marzo, Partido Humanista, Partido Comunista Revolucionario, Movimiento de Defensa del Jubilado-Modeju, Movimiento Avanzar, Intransigencia Socialista y el Partido Obrero y Campesino de Uruguay. Juntos lograron obtener 0,57% de los votos en las elecciones internas, y superaron al Partido Independiente (PI).

-¿Cuál es el modelo de gobierno de América Latina que más se parece al que la UP quisiera instaurar en el Uruguay?

-No podemos contestar esa pregunta. Hemos consensuado una clara definición artiguista sobre la soberanía particular de los pueblos. Por lo tanto, a los Estados de la región los definimos exclusivamente en función de su soberanía o dependencia a las transnacionales y el imperio. Desde ese punto de vista, hay países que están realmente enfrentados y no nos metemos en su interna, como los de la Alianza Bolivariana para América [ALBA], países que tienen una política ambigua pero con ciertos conatos de resistencia, como Argentina y Brasil, y países que están entregados totalmente, de pies y manos, como Paraguay y Colombia. Si esto fuera “uno, dos y tres”, veríamos a Uruguay como 2,5, desgraciadamente, por su sometimiento a las transnacionales casi lindero a la entrega total. Nosotros seguimos a [José Gervasio] Artigas. ¿A quién nos queremos parecer? A Artigas.

-¿Qué factores explican que la UP no pueda crecer más de 1%?

-El problema es que nos han creado un muro de silencio y ha surgido, además, una serie de calumnias que ha circulado desde el inicio de esta segunda etapa de UP. Por ejemplo, [el año pasado] hubo vándalos infiltrados en la hinchada de Peñarol, y el ministro del Interior, [Eduardo] Bonomi, acusó a grupos radicales e informó al diario El País que se estaba investigando a gente de UP. Desde luego, no pudieron presentar pruebas, pero el rumor pervive, y mucha gente dice: “UP son los tupamaros violentos y no los tupamaros buenos que están en el gobierno”. Pero el aspecto central es que el muro de silencio hizo que las cinco empresas que hacen encuestas ni siquiera le dieran a la ciudadanía el derecho a saber que existimos, y nos calificaban de “otros”. Eso sólo lo pudimos revertir con una muy buena votación en las internas [0,57%], cuando vencimos ampliamente al PI. Ahora nos tienen que nombrar, pero perdimos un año y medio.

-¿A quién votarían en un eventual balotaje?

-No hemos perdido un solo minuto en discutir un balotaje, nosotros votamos UP.

-¿Cómo hace campaña UP?

-Para los cuatro partidos con representación parlamentaria la campaña política es inversión: tantos dólares, tantos votos. Los dólares significan asesor de imagen, inversión en la televisión. Para nosotros, la campaña electoral es la organización por abajo, puerta a puerta, es usar los muros que nos dejan antes de que los tapen. Los muros son la televisión de los pobres. Es un trabajo de hormiga, [pero] lo que hemos construido es irreversible. Las reuniones en casas de familia han sido la metodología esencial, mediante una plataforma común con grupos de ciudadanos pensantes que se atreven a imaginar políticas públicas diferentes, desde Bella Unión hasta el Chuy. Alguna gente cree que atornillando dos diputados en el Parlamento vamos a hacer buena letra y podremos ganar las próximas elecciones. Cinco años es excesivo para las urgencias que tiene Uruguay. Ahora es que está agazapada la megaminería, elfracking, la expansión del monocultivo forestal y la instalación de venenos. Ya están muriendo, como moscas, niños en Cainsa [localidad de Artigas] y Cebollatí [Rocha]. Es brutal lo que se está tapando.

-¿Qué proyectos de ley presentarían en caso de llegar a la Cámara de Diputados?

-Tenemos un programa máximo y uno mínimo. El máximo, visto desde la óptica de algunas organizaciones políticas de UP, es el programa mínimo, porque aspiran a más; algunas de ellas al socialismo, otros, como los Humanistas, a una sociedad totalmente autogestionada. Somos muy realistas; no podemos implementar el programa máximo con dos diputados. Por eso, lo que planteamos para una bancada parlamentaria son dos tipos de proyectos: los de emergencia, para mitigar de inmediato los impactos más nefastos del modelo de saqueo neoliberal, y los vitrina, difícilmente objetables, que demuestren que una nueva forma de relacionarse con la tierra no genera menos trabajo, sino todo lo contrario, y que hay mercado internacional para la agricultura orgánica. Queremos usar las 16 millones de hectáreas de Uruguay como carta de negociación para que los insumos del exterior que sí necesitamos sean negociados de igual a igual, y no de rodillas como está [haciendo] ahora el Estado uruguayo.

-Uno de los ejes en su programa de gobierno es la reforma del modelo agrario. ¿De qué se trata?

-Es imprescindible un cambio total en la forma de proteger y cuidar la tierra. El recurso es parte esencial de una primera fase de la liberación nacional, que es recuperar la soberanía del Estado. La agroecología no se resuelve sin soberanía del Estado; el saqueo transnacional genera que los proyectos agroecológicos más laudables, más plausibles, sean acorralados por el envenenamiento de la tierra y las aguas. La línea divisoria verdadera entre un proyecto de liberación y uno de entrega es ver cómo se usa la tierra y en manos de quién está. Todo lo demás es palabrerío. La tierra es el indicador fundamental del sistema político, de un Estado y de un gobierno.

-También plantean crear una industria nacional pesquera.

-Tenemos 12 millones de hectáreas de superficie de agua pesquera. El Río de la Plata debe ser la única superficie que combina pesca de agua dulce con altamar, y toda la de altamar se la llevan empresas coreanas y españolas; y en los grandes ríos que no están tan contaminados, empresas brasileñas con redes prohibidas se llevan todo, hasta los alevinos. Nosotros tenemos una Dirección Nacional de Recursos Acuáticos [Dinara] que es cómplice de este saqueo y del precio altísimo que tiene el pescado en nuestro mercado para el consumo de la gente. Si lográramos organizar cooperativas de autogestión, que incluso gestionen insumos en el extranjero, daríamos un primer paso hacia nuestro objetivo central, que es una flota pesquera nacional, un juicio político y penal a las direcciones de la Dinara y una denuncia de lo que está haciendo la Prefectura [Nacional Naval], que también mira para otro lado y permite que nos roben los recursos.

-¿Cómo definiría a los partidos políticos según la relación que tienen con la tierra y el agua?

-Los cuatro son cómplices de la contrarrevolución agraria. El neoliberalismo blanquicolorado de las últimas décadas tuvo una política de preservación del latifundio, y el FA, después de luchar por la tierra, hoy consolida el latifundio; encima, uno destructor en dimensiones jamás vistas.

-A nivel sindical hay sintonía de UP con los sectores clasistas y combativos. Desde la dirigencia del PIT-CNT se cuestiona que estos espacios sindicales debilitan la unidad del movimiento sindical.

-El problema no es culpa de UP; la cúpula del PIT-CNT se ha transformado en operador político del mal llamado Partido Comunista, y ese operador político se ha hecho, incluso, megaminero, porque coinciden con el discurso entreguista del FA, de que si las trasnacionales nos dan de comer tenemos que ponernos de rodillas ante ellas. Aratirí le donó al SUNCA [Sindicato Único Nacional de la Construcción y Afines] un local sindical con fibra óptica en Cerro Chato. El SUNCA es partidario de la megaminería igual que la cúpula del Sindicato Obrero de la Industria de la Madera y Anexos (SOIMA). Sin embargo, la clase obrera uruguaya tiene grandes tradiciones de lucha, y para nosotros, cuanto más unida, mejor. Desde UP planteamos la independencia de clase total de los movimientos obreros y sociales, y UP no va a tener un solo pronunciamiento propio sobre la interna del movimiento obrero.

-¿Cómo abordarían la defensa nacional del país?

-Está en el programa mínimo, y es de juicio y castigo. Entendemos que el FA, que durante dos períodos tuvo mayoría parlamentaria, no anuló la ley de caducidad, lo cual hace a la cúpula del FA cómplice de delitos de lesa humanidad, por no haber anulado esta ley anticonstitucional. En segundo lugar, nos preocupan las nuevas generaciones de las Fuerzas Armadas (FFAA). No puede ser que un gurí o una gurisa que va al Liceo Militar tenga una formación en historia y en ciencias humanísticas diferente al resto de los muchachos de Uruguay, con plata que es del Estado. Por lo tanto, una de las primeras cosas que planteamos es que esas asignaturas pasen al liceo público y no sean impartidas por gente eventualmente golpista, como ahora. En segundo lugar, planteamos un cambio sustancial de la formación de los futuros suboficiales y oficiales de las FFAA, a partir de una lectura artiguista, antiimperialista y de integración continental. No puede ser que no sean custodios de la dignidad nacional, y que estén en la corrupción que están. El ministro [Eleuterio Fernández] Huidobro -ignoro si en un estado alterado de conciencia o qué- hizo una confesión dramática: le preguntaron por qué había tanta corrupción en la Armada y dijo: “Bueno, será porque es el único lugar en el que se investiga”. Queremos un control popular ciudadano sobre los recursos y unas FFAA con una mentalidad radicalmente distinta, al servicio de un proyecto de soberanía nacional y profundamente antiimperialista. Muchos oficiales de nuestro Ejército tienen en su sombrero de uniforme el distintivo artiguista; bueno, señores, ahora gánenselo. Digan dónde están los desaparecidos, exijan juicio y castigo, condenen esas FFAA que nacieron asesinando charrúas en Salsipuedes, que violaron mujeres en Paraguay y apoyaron toda violación de los derechos humanos que hubo en el país. Porque ésa es la historia de nuestras FFAA. Ahora, si los oficiales jóvenes no quieren seguir con esa tradición, también ellos tienen que jugársela.

Yo no le pedí al FA un milagro en diez años, le pedí una brújula, y eso es en lo que falló.

Entrevista publicada en La Diaria en setiembre de 2014: http://ladiaria.com.uy/articulo/2014/9/seguir-a-artigas/

Salir con algo

El cuento corto de ocho presos que redimen su pena trabajando en las bodegas Castillo Viejo

Su rutina es así: madrugar, esperar que el patrón los pase a buscar en un camión chico, llegar al viñedo a las 7.30. Una vez allí, respirar y sentir el olor del campo, doblar el lomo, podar, cortar las ramas que no tengan brotes, levantar troncos, alambrar, manejar un tractor o arreglarlo, secarse el sudor de la cara, almorzar, retomar la tarea y esperar, otra vez, a que los lleven de regreso en el mismo camión al mismo lugar. A las 19.00 están listos para bañarse, comer y dormir. Tratan de no pensar, pero despiertan y saben que la oportunidad es esa rutina: sentir la tierra en las manos y el sol en los hombros, ganar unos pesos y mandárselos a la familia, pasar el día fuera de la cárcel de Juan Soler, en San José.

En Uruguay hay cerca de 10.000 presos; unos 118 están en Juan Soler, y ocho de ellos trabajan en las bodegas Castillo Viejo, una empresa vinícola de 110 hectáreas ubicada a 20 minutos de la cárcel. Son todos hombres. Algunos fueron procesados por el delito de rapiña, otros por suministro de estupefacientes y uno por violación. Todos quieren exactamente lo mismo: conseguir la libertad cuanto antes, y todos hicieron mérito para obtener el permiso del juez, trabajar fuera de la cárcel y poder redimir su pena. Cada dos días trabajados, se descuenta uno de pena.

La oportunidad laboral surgió porque el Patronato Nacional de Encarcelados y Liberados (PNEL) tiene un convenio con Castillo Viejo desde agosto. La empresa planea integrar a dos presos más, y en un par de meses, cuando arranque la zafra, trabajar en total con 40 privados de libertad. El encargado general de la bodega, Javier Peraza, aseguró que emplear presos “da tranquilidad”. “Contás con un personal estable, que no te falta, que llega en hora y cumple toda la jornada, que aprende rápido y se esfuerza por mantener lo que consiguió”, explicó, y destacó su “disposición” hacia el trabajo: “Son los que llevan la iniciativa”, y eso “es una gran ventaja porque ordena al grupo”.

El convenio con la bodega no es el único que tiene el PNEL. Desde 2012, aproximadamente 650 presos han pasado por diferentes empresas que ofrecen pasantías que pueden renovarse o convertirse en un trabajo fijo incluso cuando salen en libertad; entre ellas se encuentran UTE, CUTCSA, la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), Focap, intendencias, alcaldías y el Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (Inefop), que brinda talleres de capacitación de oficios. Del total de los presos que trabajan fuera de la cárcel “hay una reincidencia de 6%” frente al 53% que vuelve a delinquir si no trabaja, recordó el coordinador del área laboral del PNEL, Martín Quiró, e hizo énfasis en la importancia que tienen la capacitación y el empleo para los presos. “La fotografía que tenemos [de los presos] nos dice que son personas jóvenes, con primaria incompleta, en su mayoría jefes de hogar con muchos hijos, desempleados crónicos con muy poca capacitación”, explicó, y argumentó que por eso es necesario que se eduquen, para “cambiar el chip” de la cabeza -reemplazar los códigos carcelarios por los que se manejan fuera, adecuarse a la rutina-, y así lograr mantener un trabajo.

“Todos estamos tratando de rehabilitar a esta gente”, dijo Peraza, el encargado de la bodega, y agregó que el aprendizaje de nuevas habilidades es otra de las cosas que le dan “tranquilidad”. Como consecuencia, la empresa y el PNEL acordaron terminar dos horas antes la jornada de trabajo durante las próximas semanas para que se capaciten en las tareas del viñedo y certifiquen los saberes. “La idea es que se vayan con un currículo con lo que sepan hacer y que les sirva en un futuro”, explicó. La “empresa tiene las puertas abiertas” y “sería ideal que [al salir de la cárcel] se quedaran”. “Yo me doy cuenta de que son privados de libertad cuando llego al establecimiento y los tengo que dejar”, dijo Peraza, y contó que desde que los emplearon, la productividad del viñedo aumentó 60%. Antes de que llegaran había 16 personas trabajando en forma fija, pero no daban abasto, porque generalmente los que entraban cortaban la jornada a la mitad del día o sencillamente no iban.

El hábito no hace al monje

Cuando se confirmó la integración de los presos al escuadrón de trabajo, la empresa, junto al PNEL, hizo una reunión con todos los empleados “porque la gente de afuera tiende a verlos vulnerables y a protegerlos”, y ésa no era la idea, porque en definitiva “son uno más del montón” y no hay que olvidar que “por algo están presos”. La charla “generó ansiedad, todos estábamos ansiosos por que llegaran”, aseguró. Finalmente llegaron, se “adaptaron rápido” y la ansiedad era tanta que Peraza pidió fijar otra reunión, esta vez con los psicólogos del PNEL, para tratar el tema de por qué están presos y cómo es vivir en una cárcel. La curiosidad de los empleados era “tremenda”. Se decidió que lo mejor era “entender [y que los presos dijeran] que habían cometido un error y lo estaban pagando”.

Y eso fue lo que dijeron. Todos tienen un proyecto para cuando salgan: trabajar. Todos quisieran salir antes de tiempo y todos tienen a alguien que los está esperando afuera. Es el caso de Sergio, de 26 años. Ahora está “pagando” su delito. “Estoy por rapiña hace dos años. Me dieron siete años y siete meses”, dijo, mientras avanzaba paso a paso, con la espalda curva, para cortar las ramas secas y sin brotes por la plantación de uvas en lira abierta -en forma de V- que aún no están listas para cosechar. Ese trabajo, para él, es “una oportunidad, no sólo para mí sino para los demás compañeros que están privados de libertad”, reconoció. “Hay que ser responsable, tener buena conducta, levantarse temprano y hacer las cosas bien” para que las oportunidades lleguen, concluyó. Sergio empezó a trabajar en la bodega el 18 de agosto, y considera que el premio es que “salís del encierro”; además, “estás redimiendo [pena] y ayudando a tu familia con algún peso”. “Está bueno” no depender de nadie, “te rinde porque a mí no me gusta pedir que me manden para comprar una pasta de dientes, una remera”.

Cobran el mismo sueldo que cualquier otro empleado que desempeñe la misma función. Una parte se destina a su peculio, que cobrará al salir, otra es para su familia, y otra, la menor, se la queda él. No se queja. “Me dieron la oportunidad y la estoy aprovechando. Salir del encierro te cambia la rutina, no estás todo el día trancado”.

Sergio tiene una familia que lo espera y una abuela que le guarda los recibos de sueldo de los trabajos que tuvo antes de caer preso. Sabe que cuando salga va a “estar bravo”, pero tiene cierta tranquilidad: “Yo aporté al BPS, y eso me sirve a la hora de buscar trabajo”, dice; espera.

Javier, de 34 años, también dijo que “estaba por haber cometido un error”, pero después, cuando empezó a contar su historia, aseguró que estaba ahí por una “confusión”, porque “mi suegra denunció que toqué al gurí”, dijo, y siguió cortando ramas. Él también quiere salir cuanto antes; hace un año y seis meses que está preso, pero si todo sale bien, calcula que estará libre en marzo de 2015. Es el más nuevo en el grupo, entró hace nueve días y dice que le gusta estar en un viñedo, porque siempre trabajó en las quintas, y esto es lo más parecido que hay a las quintas estando en la cárcel. Javier tiene una esposa y niños que lo están esperando.

Rodrigo, de 29 años, también tiene familia y una esposa emprendedora que quiere poner un supermercado y que lo está esperando. Cayó por rapiña hace un año y ocho meses, el juez le dio cuatro. Sabe que se mandó “una cagada”, que cometió “un error y hay que aceptarlo”, y también que “uno se da cuenta de lo que tiene cuando lo pierde”. Reconoció que estar alejado de su familia, principalmente de su esposa y cuatro hijos, se le ha hecho “muy difícil”.

Esas mismas palabras usa para describir el sentimiento Quiroga, esposo y padre de una nena. También está preso por rapiña, según él, mal juzgado, pero ahí está, redimiendo, juntando las ramas secas de la plantación, apilándolas sobre un armazón de madera que tira un caballo. Le quedan tres años, y hace un año y seis meses que está ahí.

Hasta acá los primarios. También están Michael, de 42 años, y Daniel, de 34, ambos procesados por quinta vez por suministro de estupefacientes. Michael maneja el tractor mientras Daniel alambra, poda, levanta ramas. Ambos tienen ganas de salir, ambos reconocen el error y juran que nunca más. Ambos tienen familia que los esperan y proyectos de trabajar para sustentarla.

Sergio, Javier, Rodrigo, Quiroga, Michael y Daniel. Seis de los ocho afortunados de Juan Soler. Seis “trancados” que aseguran que su conducta -últimamente- ha sido intachable, y que esperan redimir y achicar la pena, que quieren otra oportunidad. Seis hombres que quieren la libertad.

Nota publicada en La Diaria el 22/10/2014: http://ladiaria.com.uy/articulo/2014/10/salir-con-algo/

Está ahí, lo veo, me habla

Las estrategias comunicacionales y políticas de los tres principales candidatos a la presidencia

Qué decir y cómo para conseguir más votos y fidelizar al electorado, ese es el quid de la cuestión. A 19 días de las elecciones nacionales, el qué está claro, los principales temas tratados en esta campaña son conocidos: educación y seguridad. El cómo, quizá no tanto. Además de la organización política y social, otro de los factores que ayudan a definir quién será el ganador de la carrera presidencial, es la construcción narrativa que se elabora en torno a cada candidato. El Frente Amplio (FA) está en la cabecera de las encuestas de intención de voto con el 42%, el Partido Nacional (PN) va en segundo lugar con diez puntos menos, y el Partido Colorado (PC), tiene un tercer puesto con el 15%, según la última encuesta de la consultora Factum. El lingüista y semiólogo Gerardo Ciancio, el politólogo Fernando Rosenblatt y el sociólogo Antonio Pérez García, se atrevieron, cada uno desde su disciplina, a evidenciar los conceptos y hechos que están detrás de los números.

Qué dicen los signos

Para lograr adhesiones, los partidos políticos deben generar un relato, una narrativa propia que los legitime socialmente, les permita darse a conocer y diferenciarse del resto. Por eso, se sumergen en una búsqueda continua del imaginario social: los valores, creencias, expectativas, deseos y experiencias que forman parte e identifican a una sociedad en una coyuntura determinada. En base a ese imaginario focalizarán sus ejes temáticos y elaborarán estrategias discursivas, intentarán capturarlo, lo idealizarán y prometerán devolverlo a la gente. Ciancio explicó que se basan en la selección de vectores, “ideas fuerza”, para vertebrar su discurso; lexías, diría el semiólogo francés Roland Barthes.

Uno de los vectores que el lingüista reconoce como denominador común en todos los partidos y campañas es el “futuro”, porque “el sujeto que enuncia siempre lo hace desde un presente, y los tiempos se dan a partir de esa enunciación, hacia delante y atrás”, la promesa que será, la que antes no pudo ser; aunque aclaró que “en ningún momento se refieren [explícitamente] al pasado”. Sin embargo, el Frente Amplio (FA) utiliza el vector “pasado” por necesidad, para dar cuenta de una “buena gestión”, de que así “vamos bien” y que “Uruguay no se detiene”. Estos eslóganes aparecen en diferentes spots publicitarios, entre ellos en los televisivos El ranking del FA y Uruguay cambió en mí, que enumeran logros obtenidos durante el gobierno frenteamplista. Otro de los aspectos a destacar es que el FA también utiliza al pasado como herramienta comunicacional para denominar a la fórmula de candidato a la presidencia y vicepresidencia, Tabaré Vázquez y Raúl Sendic, respectivamente. Es interesante notar cómo en el caso de Vázquez se utiliza su nombre para transmitir cercanía, y en el de Sendic, su apellido, que es un referencia directa a su padre, Raúl Sendic Antonaccio, fundador y líder del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T).

Por otro lado, Ciancio identifica en el candidato del Partido Colorado (PC), Pedro Bordaberry, al pasado como un “peso, un karma”, porque “lo refiere para negarlo”. “Por su apellido”, que lo minimiza frente al nombre Pedro –lleva el de su padre, Juan María Bordaberry, dictador entre 1973 y 1976-. Y para decir que “no lo tiene en la espalda, sino adelante, y que se llama futuro”, explicó haciendo referencia al último spot televisivo, La voz de Pedro, en el que se escucha al presidenciable diciendo “mi mochila no viene cargada de pasado, viene cargada de futuro, propuestas, esperanza, de paz”, y se ve a un niño de túnica blanca caminando con una mochila colorada colgada a la espalda. No obstante, al igual que el FA, Bordaberry también necesita recurrir al pasado para demostrar su experiencia como gestor y diferenciarse de la “inexperiencia” del líder del Partido Nacional (PN), Luis Lacalle Pou: fue ministro al mismo tiempo de tres carteras bajo el gobierno de Jorge Batlle (2000-2005), de Turismo, de Deporte, y de Energía y Minería, en contraposición al blanco que únicamente tiene experiencia como diputado por Canelones (2000-2015).

“No se puede hacer una campaña sin mirar a las demás”, señaló Ciancio e introdujo otra de las características del sistema político: “es relacional, uno es lo que no es el otro. Si algo tiene valor, es por oposición”. El FA es el partido que más experiencia tiene siendo oposición, pero desde 2005 le tocó estar del otro lado del mostrador. Los partidos tradicionales, como no tienen la responsabilidad inmediata de haber gobernado, van a encontrar en las carencias del FA uno de los puntos clave para impulsar su discurso, y las enumerarán constantemente para diferenciarse y marcar su unicidad. “Se han dado cuenta, recién ahora, que pueden avanzar [utilizando] banderas que antes eran solo del FA”, reflexionó Ciancio y ejemplificó: ciertas apelaciones a la juventud, al espíritu de fiesta, a la esperanza, a un cambio renovador, presentes tanto en el PC como en el PN.

Directamente, Lacalle Pou y Bordaberry han atacado constantemente los resultados en materia de educación –por ejemplo el 30% de repetición que hay en primer año de secundaria- y el desempeño del ministro del Interior, Eduardo Bonomi, para marcar una fuerte diferencia con las políticas llevadas a cabo. “Lo he dicho siempre, tenemos un ministro que no quiere, no confía y no entiende a la Policía”. “Tiene que ser un tipo que entienda que él es el primer policía”, dijo el candidato blanco en agosto en una cena organizada por la Liga de Fomento de Punta del Este. Por su lado, el colorado considera que “Bonomi es el peor ministro del Interior que hemos tenido en mucho tiempo, por lejos”. Además, Bordaberry enumeró los fracasos y carencias del FA en el spot televisivo Deberían ponerse colorados.

En otro ámbito, Ciancio advierte paradojas en todos los candidatos que generalmente se intentan camuflar presentándolos como héroes, y por otro lado pero al mismo tiempo, como humanos, personas terrenales. Se los destaca y colocan en el centro de atención –con discursos memorables, en los carteles, en la publicidad televisiva y radial, en la comunicación organizacional del partido-, pero a su vez, se los intenta mostrar en su intimidad –en una selfie, en una grabación casera, tomando mate, conversando, etc-. Se intentan capturar el ámbito privado de un ser público. Por ejemplo, en el spot audiovisual Nace, de Lacalle Pou, donde se lo muestra como copiloto en un auto, en La voz de Pedro, donde aparece el colorado hablando con su compañero de fórmula Germán Coutinho, y parte de su equipo, y abrazando a sus seguidores. En cambio, el FA presenta física y explícitamente a Vázquez y Sendic, solo en algunos de los carteles y afiches para la vía pública, pero muy pocas veces en los videos publicitarios. En este caso aparece su imagen o sus nombres al final del spot. Su lógica es la misma, pero el relato es diferente, funcionan como objetos sígnicos deseables, pero que pretenden mostrarse como ordinarios. En Uruguay por más, primero aparecen decenas de personas, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, que representan lo que vendrá al final, el deseo de todos, a “tabarésendic”.

Regresando a los rasgos que identifican a cada partido, además del vector pasado para demostrar una “buena gestión”, otra de las “ideas fuerza” del FA es proyectarse a futuro con lo que falta construir. “Uruguay no se detiene”, dicen los spots ya mencionados, y evidencian un discurso que cambió de rumbo al darse cuenta que decir “vamos bien” no era suficiente, que era necesario delinear los planes y convencer al electorado a través de la exhibición de logros obtenidos y de lo que falta por hacer.

Ciancio también ve como vector del FA replantear los grandes ejes políticos que lo caracterizan históricamente: “qué es estar a la izquierda y a la derecha”. Vuelven “a las marcas identitarias originales”. La justicia social, la distribución de la riqueza, entre otros, son aspectos que aparecen en los spots y dan cuenta de la ideología frenteamplista, justamente “para que no se desdibujen en este mar de ruidos”, dijo el semiólogo en referencia a la utilización de consignas originarias del FA por los partidos tradicionales.

En cuanto a Lacalle Pou, Ciancio considera que su “idea fuerza” es la “positividad”, un concepto que se diferencia de la “negatividad” que dejó el FA en el campo educativo y de seguridad ciudadana. Asimismo reconoce a la juventud y la promesa de renovación como otros dos pilares fuertes en la estrategia comunicacional. Según el lingüista, ésta “apunta a un campo simbólico en donde no están las referencias de significado claras”, “ni para gobernar bien, ni [se explica] qué es exactamente ‘la positiva’, ni qué son ‘hoy y ahora’”. Y entiende que “ese nivel de generalización genera ambigüedad”. Estas ideas se encuentran en todos los spots blancos –Lanzamiento Kibón, el Discurso Musical, Nueva esperanza, Nace-. Asimismo, reconoció que esa plataforma electoral de “positividad” requiere otorgar ciertas concesiones al oponente, como por ejemplo mostrar en el spot televisivo Nueva esperanza a las Ceibalitas, que refieren exclusivamente a una gestión frenteamplista, mientras se escucha “dejemos de pensar que todo está mal, rescatar lo bueno es avanzar”. “Es más inteligente el uso de un signo que está relacionados directamente con otra partido, que a la negación del signo”, agregó Ciancio. Ser “positivo” también implica que Jorge Larrañaga, tras ser derrotado en las internas, se haya sumado a una idea por la que fue vencido, la “positividad” lo obligó a aceptar ese pacto, a esa “idea fuerza”.

La lexía colorada más importante es la “paz”. “Se presenta como un absoluto, pero detrás está la baja [de la edad de imputabilidad]”, dijo Ciancio haciendo alusión a la medida que Bordaberry considera clave para mejorar la seguridad ciudadana. “Es interesante que utilice a la ‘paz’ como referencia, lo hace porque es un concepto más ‘friendly’, justamente porque no es la palabra seguridad”. Esta noción está en todos sus spots y jingles, La voz de Pedro, Pedro presidente, Deberían ponerse colorados, Propuestas de Pedro. Otra particularidad de su discurso comunicacional son los signos populistas a los que recurre, en los spots se lo ve tomando mate, saludando a señoras que cocinan, subiendo gente al ómnibus, y “cierta estética futbolística”. “Se ve gente que tiene remeras celestes, que dicen Vamos Uruguay, pero son celestes. Ese es un signo índice que designa lo externo [lo nacional] y lo interno [un sector del PC]”. También aparecen camisetas rojas que tienen el 10 en la espalda, que además de referir a la lista 10, dan cuenta del jugador que lleva el 10, que es “un creativo, una persona imaginativa, un estratega, un líder”. Se construye lo uruguayo desde el fútbol.

Ciancio también registró como otro de los pilares discursivos colorados la utilización, junto con lo popular, del ámbito rural. En sus spots se ven “caballos en el campo, faenas, paisanos sonriendo, comiendo asado”. Todas referencias que antes eran coto simbólico del PN. La explicación: existe un “corrimiento” para buscar electores, un desplazamiento de “los bordes del artefacto comunicacional para que penetren electores incautos”.

Quién dice qué

“Esta campaña tiene mucho de sui generis”, dijo el sociólogo Antonio Pérez García en referencia a la coyuntura actual, y explicó “tenemos una coalición ‘blanquicolorada’ que está más centrada en ser oposición que en la búsqueda del poder”, y a un oficialismo muy concentrado en mantenerlo. El politólogo Fernando Rosenblatt coincide con Ciancio en que la oposición utilizó como caballito de batalla los temas de seguridad y educación, no solo porque las encuestas de opinión pública indican que esos son los dos tópicos que más preocupan a la población, sino porque también –al igual de lo que dijo el politólogo Daniel Chasquetti al programa radial No toquen nada-, los candidatos “son ciegos”, “van ensayando” lineamientos en base a la prueba y el error. “La información es difusa” y por ende es casi imposible definir y delimitar a todo el electorado.

Otra de las características que identifican como “nueva” a esta campaña, es el hecho “evidente [de que] el próximo gobierno no va a tener mayorías absolutas” y por lo tanto “hay límites en los grados de choque permitidos”, señaló Pérez García. Por ejemplo: “el ataque de Bordaberry a Lacalle Pou duró una semana, y todo terminó como un malentendido”, explicó Chasquetti haciendo alusión al episodio de “extorsión” ocurrido a mediados de setiembre entre los dos candidatos. “No hay ataques directos, y eso fortalece la tendencia de que la gente vea que el candidato que le puede ganar al FA, es Lacalle Pou”. Además, “Bordaberry está en un dilema: cómo compite con Lacalle Pou sin alterarlo demasiado para que llegue a la segunda vuelta”, se preguntó el politólogo pensando en que el colorado “necesitará un contingente parlamentario fuerte para tener incidencia en un futuro gobierno”.

En relación al Frente Amplio, Rosenblatt considera que lo más importante es que demostró que tiene la capacidad de reaccionar inmediatamente ante adversidades inesperadas. “Hay una inflexión en agosto”: las encuestas de intención de voto de julio de Factum mostraban al FA estancado en un 39%, muy cerca del segundo en la lista, el PN que crecía a pasos agigantados y tenía un 29%. Vázquez se tomó cinco días de descanso en La Paloma, Rocha, y cuando regresó, cambió los números y marcó distancia con el contingente blanco. “Recién después de agosto es que la campaña se vuelve más metódica y sistemática”, agregó el politólogo. A partir de fines de ese mes, las encuestas se mantienen con una diferencia de diez puntos, pasaron de tener 41% y 31%, y en setiembre 42% y 32%, respectivamente. Y es cuando comienzan a presentar las propuestas concretas de gobierno –por ejemplo en las teleconferencias ocurridas todos los lunes de setiembre en las que se dieron a conocer sus principales lineamientos programáticos-.

“El FA se despertó como partido, se empezó a movilizar intensamente desde múltiples lugares, por ejemplo desde las redes frenteamplistas locales”. Rosenblatt piensa que esa reacción inmediata y general es posible “porque el FA, a pesar del desgaste lógico que genera gobernar 10 años, sigue siendo la organización que por lejos es la que tiene mayor cantidad de locales partidarios en el territorio permanentes”. “A medida que Vázquez va encontrando problemas para seguir creciendo, cambia de estrategia”, dijo y se adhirió a la idea de Chasquetti.

Por otro lado, Pérez García señaló que el FA “puede jugar, según los momentos, como oficialismo o como oposición”, y que es una postura “incómoda”, “no queda claro dónde están los límites”. Igualmente, cree que sus votantes “son como un matrimonio viejo. Ambos se conocen los defectos, pero se quieren igual”, y por eso los que forman el núcleo fundamental del electorado del FA, aunque “digan pero”, los votarán igual.

Siguiendo esta línea es que Rosenblatt piensa que el FA “puede ser víctima de su propio éxito”. “A partir de 1999 logró conquistar la periferia de Montevideo, y el riesgo que corre ahora es que eventualmente puede llegar a perder votos en la clase media y que su votación se termine concentrando solo en los sectores más pobres”. Según esa hipótesis, agregó “hay veces que perder hace bien; estar en la oposición le hacen bien a la reconstrucción organizacional”. Cuestión que advierte que puede ser otro problema para el FA “tienen el desafío en el mediano plazo de procesar recambios urgentes en liderazgos visibles e importantes”.

En referencia a Lacalle Pou, el politólogo dijo que “estábamos ante una campaña donde parecía inevitable [su] triunfo. Algo así como fue la campaña del 2004, que parecía que el FA arrasaba, salvando las distancias, Lacalle Pou había logrado eso”. Entiende que el relato que se construyó fue el que le permitió llegar hasta ahí, y aseguró que comparte la opinión de Chasquetti, quien dijo que el blanco tiene “un discurso voluntarista, en el cual no hay referencias histórico-políticas” y que lo “hace acordar a los libros de Paulo Coelho. Muestra un conjunto de buenas intenciones ‘y ta’”. “Es muy difícil mantener una campaña solo en base de eslóganes, no estoy diciendo que sea solo eso, pero efectivamente el énfasis en su campaña ha radicado en los eslóganes”, sentenció Rosenblatt.

Otra de las características que el politólogo subrayó como propias, es que sus “equipos técnicos están alojados en el comando de campaña, pero no son del partido [y eso implica que no hubo] un proceso de reflexión [previo] que haga que mucha gente está convencida”. “Acá hay que estar convenciendo a Lacalle Pou”. Él está convencido de que en países como Uruguay “el proyecto que viene desde una organización es lo que en el mediano plazo termina explicando su crecimiento y éxito [o fracaso]”.

Desde su disciplina, Pérez García también se refirió al relato del candidato blanco y reflexionó “cuando alguien hace suficiente ruido y demuestra que puede creer, crece efectivamente”, Lacalle Pou “agarró impulso, viento en la camiseta” justamente porque se autoalimentó de su discurso.

En cuanto a los votantes blancos, el sociólogo explicó que están los “cautivos, wilsonistas y herreristas de toda la vida” con una fuerte implantación en el interior, la gente joven –“en el sentido uruguayo”- que es “gente desilusionada o insuficientemente satisfecha por las otras alternativas, y por ende gente que también se puede volver a desilusionar”, y los electores “flotantes”. Pérez García piensa que “la idea de ‘la positiva’ parece haber prendido bastante [en los jóvenes], y como están proponiendo cosas tan genéricas y aceptables como resultados esperables, le darán una posibilidad”. Este tipo de votante “no hace un análisis previo de si es viable lo que proponen, son compradores de promesas, menos proclives a comparar las promesas de quien ya conocen y que piensan que no las cumplieron”. El electorado flotante son los que “como una vez que probaron elegir, lo siguen haciendo, se des-fidelizan”. “Evidentemente, la disputa entre el Partido Colorado y Partido Nacional por la gente que nunca va a votar al FA, la ganó el PN”, agregó.

Por último, los colorados, los que “quieren ser la sorpresa”, según Rosenblatt. “A Pedro Bordaberry quizá no le va mejor porque la estructura del PC es todavía débil, viene sufriendo la crisis del 2004, que en muchos departamentos le falta presencia y densidad”, explicó. Actualmente, el Partido Colorado tiene solo dos intendencias, la se Salto y la de Rivera, y el politólogo ve en esa carencia de redes locales una de las causas del estancamiento en el 15% de la intención de voto. Otra de las causas la relaciona con el hecho de que al “mismo tiempo, tuvo que procesar una muy postergada renovación y recambio de liderazgo que estaba muy monopolizado por dos figuras”, los ex presidentes Julio María Sanguinetti (1995-2000) y Jorge Batlle (2000-2005). Además, atribuyó la falta de “rumbo en materia de proyecto país”, como otro de los motivos. “Objetivamente no queda claro para dónde van”, “¿cuál es el gran proyecto de Bordaberry? ¿la ‘mano dura’ en seguridad?”, preguntó, y agregó “eso no engloba a todas las problemáticas del país”, explicó que no se refiere al programa de gobierno concreto, sino a “lo que se traduce de su discurso público”.

Otra opinión es la de Pérez García, quien ve en el colorado un intento de “mostrarse más nacional, una respuesta a los problemas de país” a través de la imagen del “joven maduro” . El sociólogo señaló que exhibe “una agilidad muy característica de la juventud, pero al mismo tiempo, un cierto empaque que le da madurez: es alguien que está en movimiento, no es una figura estática, pero es una figura bien vestida inclusive cuando está de sport. Lleva condigo la imagen de vigor y seriedad”. Traducido en términos del francés positivista Auguste Comte, esa imagen es la del “orden y progreso”.

A fin de cuentas, la política y los relatos son siempre sui generis porque quien llegue al poder, tendrá, otra vez, que crear un nuevo discurso, y para que sea verosímil y despierte la credibilidad en el electorado, tendrán, otra vez, que respaldarlo con acciones políticas.

LA TIERRA QUE TIEMBLA

Bitácora de Valizas

Valizas te saca lo protocolar y te pone lo jipi ahí nomás.Y digo jipi y no hippie porque acá las causas ambientalistas y contra las guerras tienen muy poca resonancia, por no decir nula; y el temita de “amor y paz” pasa por entriparse y tener sexo en las dunas. Entonces, el jipismo, entendido como el disfrute de andar descalzo y con poca ropa por la calle, estalló el pasado 6 de enero en el “candombe de reyes”, la llamada del rey mago San Baltasar.

Pero volvamos a lo de ser jipi, porque para entender qué pasó ese lunes en la noche es necesario saber que acá te conviertes en jipi de rebote, porque sin preámbulos te ves despojado de todo lo universitario y profesional, y sumergido en una vida campestre, donde la mejor opción para orinar si estás acampando o boyando por las calles de tierra y arena es la playa, o detrás de algún arbolito que haya al costado del camino.

Acá te conviertes en jipi porque no te queda otra; porque si quieres gozar de verdad la arena, el mar, el sol y las estrellas, es mejor estar descalzo y sin accesorios.

Pero cuidado, abre los ganchos, en Valizas también hay electricidad, restaurantes, un cyber, almacenes, una feria de artesanos y muchas casas confortables, con baño y agua caliente, con cocheras y una cucha para el perro. Sin embargo, advierto: la persona que quiera regocijarse con todas esas comodidades mejor que vaya a Punta del Este -bueno, si no necesita mucho lujo La Paloma también es una buena opción-; porque la gracia de venir a veranear a Valizas es justamente lo contrario: disfrutar de lo modesto, de no tener computadora ni batería en el celular, de no saber la hora y no tener idea de qué está pasando en Montevideo o el mundo.

Desconectarse para sentir el calor de la tierra en los pies y la arenilla que vuela en el cuerpo. Uno viene a Valizas para sentirse vivo.

Ese fuego que tiene la vida en Valizas se apoderó de casi 400 personas en la llamada de San Baltasar e hizo que movieran los pies al ritmo de una cuerda de unos 50 tambores. La tocata había comenzado a 10 cuadras de distancia, en frente a la feria de los artesanos, por la calle principal, la “Gorlerito”; pero como todos los años, terminó junto al mar. Y la tierra tembló.

Sí, leyó bien: residentes y turistas jipis fueron poseídos por el espíritu valicero-africano-candombero que los llevó bailando en la oscuridad hasta el océano a media noche. La fiesta terminó en la madrugada con varios pibes bañándose en el agua tibia. Esa agua, mezcla de arroyo y mar, limpió las huellas del desquicio causado por el baile al son de los repiques de los tambores.

Risas, locos movimientos de cadera, porro, ácido y una fogata de unos tres metros de diámetro hicieron de la noche en la playa una fiesta. Niños acompañados por sus padres, jóvenes y veteranos, cantaron, bailaron, y disfrutaron de lo que el santo rey mago negro Baltasar tenía deparado para los valiceros: oscuridad y candombe. Oscuridad y cuerpos que sudaban salitre y se movían frenéticamente unos contra otros, ebrios de placer porque San Baltasar se acordó una vez más de llevar uno de los ritmos más primitivos a un balneario que apuesta a que la gente se encuentre con su lado más animal: el más primitivo.

Imagínese la llamada sin arena en los pies, sin el ruido del mar y el agua mojando las piernas, sin oscuridad; usted se debe estar imaginando “el candombe de los reyes” en todos lados menos en Valizas, porque acá lo que importa es disfrutar de lo que no hay en otra parte: esa magia-natural-jipilla que sólo vive aquí. Sentir eso en Valizas es sólo una disposición mental.

Nota publicada en http://www.freeway.com.uy/columnas/1191_la-tierra-que-tiembla/

EL TESORO DE LOS INOCENTES

Tiene 23 años y su día empieza a las doce y media, cuando su madre lo despierta al regresar de trabajar. Él se levanta, se pone las zapatillas Nike con resorte y se arregla el pelo. Si llega a la cocina y la comida aún no está servida la putea, y ella pide disculpas. Almuerza y sale de la casa golpeando las puertas, se va enojado, sin motivos aparentes. Camina tres cuadras hasta llegar a General Flores, cruza la avenida y avanza un par de metros más. Ahí está la boca: un viejo almacén en el que además de pan y leche se vende faso, o lo que sea estés buscando de postre. Compra y le pide al comerciante pasar al fondo. Se mete el porro debajo de la plantilla, y si es viernes, los gramos de merca en los testículos. Da las gracias y se va.

Se enchufa los auriculares, regresa a la avenida y espera el ómnibus. Mueve la cabeza al ritmo de Nene Malo y Los Redonditos de Ricota, una extraña combinación que lo deja contento y que hace que se acorten las distancias. Esta vez va a Barrio Sur, a casa de su novia.

Se baja dos paradas antes porque es cagón, aunque él se excusa diciendo que le gusta caminar. El Toco es “chetito” para vivir en Las Acacias y usar Nike, y sabe que los “planchas” pueden olerlo a lo lejos. Él no quiere tener problemas, aunque asegura que la “cana” le importa poco, por no decir nada, porque sabe que si cae preso levanta el tubo y sale rápido. Pero él es inteligente y no se regala, no quiere deberle favores a nadie.

De chico supo que era mejor así “porque después te vienen a joder, y a vos no te queda otra que cumplir, sino ‘estás frito angelito’”. Cuando tenía 13 años aprendió la lección a golpes, literalmente. Aún no dominaba la técnica para desmorrugar el ladrillo de marihuana y armar el pito, tampoco tenía plantas, ni pipas de agua, ni tucas, ni sabía recetas para preparar hachís. Así, un poco ignorante y otro poco ingenuo, fue que tuvo la pésima idea de pedirle a Francisco, un gurí del barrio, que lo ayudara a preparar su primer porro.

Francisco le enseñó cómo y después lo cagó a palos. Le dijo que desarmara el ladrillo con un cuchillo con dientes, o que lo colocara en la palma de la mano e intentara deshacerlo con las uñas. Pero que lo mejor era utilizar un desmorrugador, una especie de triturador del tamaño y forma similar a la de un yo-yo, que deja al porro listo para servir en la hojilla y fumar “parejo”. Esa vez El Toco lo desmorrugó a filo de cuchillo nomás, y le quedó bastante bien. Tanto que el vecino le pidió que armara otro, “para que vaya practicando”. Se quiso hacer el crá, y “por gil” le dieron la paliza. El púber había tenido suerte de principiante, y al segundo intento no desmorrugó bien, gastó cuatro hojillas, y para completar, le quedó desparejo. “Parecía que el pito tuviera piedritas, tronquitos”. Francisco no tuvo más remedio que “moverle el catre para que [se] vaya acostumbrando a hacer las cosas bien”.

Con el tiempo aprendió que en esos casos, en los que el porro le queda mal armado, puede intentar acomodarlo con algún palito o alambre, o sencillamente prepararlo otra vez. Que lo ideal es conseguir cogollo, no porro prensado. Y que sobre todas las cosas, no debe pedir consejos a extraños: hasta hoy le hace algún que otro “mandado” al vecino.

***

Hace diez años que El Toco fuma marihuana. Le gusta porque lo relaja y le permite concentrarse en cuestiones más banales, como los colores o la forma de las cosas. Su novia le dice que lo deja más sereno, más tierno. Ella disfruta fumando con él, y él con ella, por eso el faso bajo la plantilla de los Nike siempre llega intacto a Barrio Sur.

Al bajarse del ómnibus le manda un mensaje, quiere que sea ella quien le abra la puerta. Sus padres no lo quieren, por eso se escapan a la rambla o al Parque Rodó. Ahí se encuentran con amigos, casi todos en la misma situación, pero con menos plata: no trabajan, no estudian, no tienen un lugar para tener sexo con sus novias, no tienen un mango para comprar “algo dulce para el bajón”; pero siempre tienen faso.

Generalmente es El Toco el que lleva, no sólo porque es quién puede bancarlo, sino porque donde él vive se consigue marihuana más rica y barata con tan solo ir al almacén.

LA PLANTA MÁS POLÉMICA

Uruguay aprobó una ley inédita para regular el mercado de cannabis

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Las metáforas sobre fútbol siempre rinden. Revisar el Facebook o Twitter cuando el aburrimiento acecha, también. Esas son algunas de las conclusiones que pude sacar el martes 10 después de presenciar doce horas de debate en el senado sobre la ley de regulación de la marihuana. Las otras conclusiones, las que refieren a qué piensa cada legislador, las había sacado antes, en los meses previos al debate; porque todo lo que se discutió ya se había dicho.

Los senadores son 30, más el vicepresidente de la República, que es quién preside la cámara, y dos suplentes; todos juntos son 33, como los Orientales, pero más veteranos: tienen un promedio de 63 años de edad y aseguran que la droga es mala, y escriben lento en la computadora, mirando el teclado y apretando un botón por vez. Son políticos a los que les sube la cólera si escuchan argumentos contrarios, algunos de ellos piden permiso para interrumpir a los gritos, pero esperan su turno para hablar aunque la yugular les esté a punto de explotar. Son senadores de la República Oriental del Uruguay, el único país del mundo cuyo estado controlará y regulará la importación, exportación, plantación, cosecha, producción, almacenamiento, comercialización y distribución de la marihuana y sus derivados.

El proyecto del ley fue aprobado por 16 frenteamplistas con 13 votos en contra después de doce horas de discusión, varios cafés, y un sin fin de bostezos de senadores, visitantes y periodistas.

La aprobación de la ley fue celebrada por cientos de personas que coparon las barras del parlamento al final de la sesión, cerca de las 20. 30 horas, porque en la tarde hubo más prensa que activistas y senadores juntos. Con aplausos, risas y gritos de “¡Uruguay! ¡Uruguay!” el país se desalineó de la lógica prohibicionista de varios acuerdos internacionales y se abrió a la regulación de la marihuana. Según el prosecretario de presidencia, Diego Cánepa, esta política se enmarca en los “nuevos métodos de lucha para combatir el narcotráfico en América Latina”.

Consumir marihuana hace 40 años que en Uruguay es legal, pero, paradójicamente, era ilegal comprar, vender y/o plantar para vender, aunque era muy difícil determinar cuándo se cultivaba para el autoconsumo y cuándo para vender porque no había un límite establecido. Ahora esa incongruencia jurídica se eliminó: los mayores de 18 años podrán tener hasta seis plantas de cannabis -con una producción máxima de 480 gramos anuales-; cultivar hasta 99 plantas en clubes de membresía –que tendrán entre 15 y 45 socios-; o comprar en farmacias autorizadas hasta 40 gramos mensuales.

En los tres casos será necesario regristrarse en el Instituto de Regulación y Control del Cannabis, que dependerá del Ministerio de Saludo Pública y emitirá licencias y controlará la producción, distribución y compraventa de la marihuana. Según dispone la ley “la información relativa a la identidad de los titulares de los actos de registro tendrá carácter de dato sensible”. Quien no cumpla con la normativa vigente y sin autorización legal “produjere de cualquier manera las materias primas o las sustancias, según los casos, capaces de producir dependencia psíquica o física (…) será castigado con pena de veinte meses de prisión a diez años de penitenciaria”. Quien “importare, exportare, introdujere en tránsito, distribuyere, transportare, tuviere en su poder no para su consumo, fuere depositario, almacenare, poseyere, ofreciera en venta o negociare de cualquier modo” marihuana o alguno de sus derivados, también será castigado con la misma pena.

Se trata de una de las leyes más polémicas que ha aprobado el Frente Amplio junto a la despenalización del aborto y el matrimonio igualitario. Desde la presentación del proyecto de ley y su aprobación en diputados el pasado 31 de julio, los debates no han menguado, y en la sesión maratónica que se vivió en el senado el martes 10, fue reflejo de esa situación: inconformidad y cuestionamientos por parte de la oposición y justificaciones por parte del oficialismo.

El primero en hablar fue el miembro informante Roberto Conde, y desde el comienzo el murmullo y la distracción fueron casi constantes; Ernesto Agazzi buscaba la tapita de la lapicera, Luis Alberto Lacalle conversaba con Carlos Moreira, Pedro Bordaberry revisaba el Gmail, Constanza Moreira leía en su Tablet, y Alberto Couriel acomodaba su pie enyesado sobre un tacho de basura.

Conde dijo que la ley se enmarca en una política progresista que tiene como objetivo minimizar los riesgos y daños del uso del cannabis, y que apunta a lograr un equilibrio entre “la integridad física del individuo y su libertad”.

Para la oposición ese argumento no tiene goyete. Varios afirmaron que la ley tiene artículos que violan la Constitución. El senador colorado Pedro Bordaberry dijo que la creación del Ircca es ilegal según el Artículo 229 de la Constitución. Éste dice que los organismos del estados “no podrán aprobar presupuestos” ni “crear cargos” en los “doce meses anteriores a la fecha de las elecciones ordinarias”, cuestión que está prevista para octubre del año que viene.

Mientras Bordaberry cuestiona, Danilo Astori, el presidente de la cámara y vice del país, pone su celular a un metro de distancia para poder ver la pantalla, se acomoda los lentes y teclea con los dedos duros, sin coordinar los movimientos, apresurado pero sin precisión. Enfrente está el senador frenteamplista Luis José Gallo leyendo Ovación, Constanza Moreira deambulando por el recinto y sacándole fotos a la prensa en las barras; y las 14 cámaras de video que hay en ese momento, cerca del medio día, filman cada movimiento de los senadores, entre ellos la indisimulada sacada de mocos del vicepresidente.

Conde salió al cruce de Bordaberry, pidió que le concediera una interrupción y el colorado aceptó. Le respondió que no incurre en una inconstitucionalidad porque el organismo que se creará, el Ircca, es una persona pública no estatal, y que por ende el cargo rentado del director del instituto no dependería de ningún ente público.

Pero los cuestionamientos no disminuyeron, el colorado José Amorín Batlle aseguró que el Artículo 10 de la nueva ley, que dice que el “Sistema Nacional de Educación Pública deberá disponer de políticas educativas para la promoción de la salud, la prevención del uso problemático de cannabis (…) y reducción de daños del uso problemático de sustancias psicoactivas”, es inconstitucional porque viola el Artículo 202 de la Constitución. Según dijo el representante del Partido Nacional en la Administración Nacional de Educación Pública (Anep) Daniel Corbo, a El País, esta ley “incurre en una afectación de la autonomía” porque “se obliga a tener una materia, se dice el nombre y bajo qué paradigma discutirlo”.

Los senadores frenteamplistas Conde y Agazzi admitieron varios días antes de la votación que “los compañeros se equivocaron”, pero que igualmente se aprobaría así la ley. Y fue lo que ocurrió, ninguno de los dos chistó cuando Amorín Batlle habló sobre el tema, aunque el senador colorado Ope Pasquet, quien habló a continuación, discrepó con su compañero de bancada y dijo que “la legislación puede señalarle grandes objetivos a la educación pública”.

A todo esto, el secretario de la Junta Nacional de Drogas, Julio Calzada, hace rato que estaba siguiendo el debate desde la barra, estuvo más tiempo en sala que la mayoría de los senadores, aguantó las 12 horas sentado y no se perdió de ninguna exposición, de ningún suspiro ni pedido de silencio de Astori a los senadores. El diputado del Movimiento de Participación Popular Sebastián Sabini también andaba en la vuelta, entraba de a ratos a la sala junto al diputado por Rocha del mismo partido Aníbal Pereyra, se cruzaban comentarios con Agazzi, hablaban por lo bajo y reían.

Eran las 13.30 horas y había unos 30 periodistas, internacionales y locales, siguiendo la votación junto a Calzada. Eso en las barras, abajo, donde están los sillones y escritorios de los senadores, Agazzi se sonaba la nariz como buen veterano guerrillero, con un pañuelo de tela, nada de andar comprando Elite. En la Mac de Bordaberry se sucedían fotos de animales de campo, vacas, caballos, pájaros y unos pastos altos, mientras él leía una nota sobre los comentarios del presidente José Mujica en su viaje a EEUU en setiembre, y subrayaba con verde flúor “experimento sociopolítico”, “laboratorio para todo el mundo”. Del otro lado del recinto, Lacalle conversaba con Carlos Moreira y Astori cabeceaba dormitando.

Cuando le tocó hablar a Lacalle, cerca de las 15:15 horas, a Couriel  no paraba de sonarle el smarphone. Nervioso y con un pie enyesado no encontraba el botón para silenciarlo, desesperado terminó contestando, habló susurrando y mirando para todos lados, perseguido. En ese momento presidía la cámara el frenteamplista Luis Rosadilla, quien no parecía acostumbrado al cargo porque no se había dado cuenta que la campanita que tiene sobre el estrado a la derecha es para llamar la atención.

Mientras, el senador blanco decía irónicamente que el turismo uruguayo aumentará porque tener “marihuana en las golosinas y en los bizcochos [es un] elemento pintoresco”. Además, aseguró que si el estado se hace cargo de todo lo que dice la ley existirá un monopolio de la marihuana, y que eso también es inconstitucional porque se necesitan la mayoría especial -los votos de los dos tercios de cada cámara- para aprobar una acción de este tipo. “Vamos de nuevo a la Suprema Corte de Justicia con un tiro en el ala porque ahí está el germen de otra inconstitucionalidad”, dijo.

La palabra que usó Mujica para describir la nueva ley, “experimento”, fue la muletilla del día. El senador por el Partido Nacional dijo que “con los uruguayos no se tendría que experimentar”, aunque el primero en hacer referencia a los dichos del presidente fue el colorado Alfredo Solari, quien afirmó que “ni nuestro gobierno ni el resto del mundo deberían experimentar con los uruguayos, con nuestros niños y adolescentes, sin las garantías adecuadas”.

Bordaberry siguió esa línea y haciendo alusión a la Ley de Humanización del Sistema Carcelario del 2005, dijo con tono sarcástico que “experimentaron con la seguridad pública y causaron un destrozo, ahora nos proponen experimentar con la marihuana y la droga”.

La oposición también habló sobre el informe que elaboró la ONU y que decía que Uruguay estaría incumpliendo con algunos tratados internacionales de fiscalización de estupefacientes, entre ellos lo dispuesto en la Convención Única de 1961, la cual ha sido adoptada por 186 países.

Cuando hizo uso de la palabra Jorge Larrañaga, Lucía Topolansky y Agazzi conversaban por lo bajo y reían, no le prestaron mucha atención a las preocupaciones del senador, quien dijo que quería saber cómo se controlará a los compradores o cultivadores de marihuana para que no vendan irregularmente el cannabis estatal y si la droga será transportada en un “convoy con el ejército al costado” para evitar asaltos.

El senador blanco también aseguró que le inquietaban los dichos del ex presidente Tabaré Vázquez, quién dijo que habría que regular y controlar la cocaína: “el consumo de cocaína está prohibido (…) y resulta que si aprobamos esta ley después tendremos que aprobar la de la cocaína”, dicho que causó la risa de varios periodistas y el comentario de “es un burro”, porque la ley vigente no prohíbe el consumo.

Son casi las 18 horas y el debate continúa, el senador blanco Sergio Abreu trajo a coalición el encuentro entre Mujica y los empresarios George Soros y David Rockefeller, quienes apoyaron la iniciativa uruguaya, y dijo que somos “los ratoncitos uruguayos en el laboratorio de Soros”, a lo que Lacalle asintió con la cabeza y gritó “muuuuuyyyyyy bbbbiiiieeeeeeennnnnn”.

Mientras, Constanza sacaba notas de los dichos de los senadores de la oposición, y cuando pudo, salió al cruce y contestó que “la idea de laboratorio está muy mal interpretada. Se habló mucho del Batllismo como laboratorio social. En la literatura de las ciencias sociales significa otra cosa muy distinta que usar ratoncitos en un laboratorio”.

En la barra está el ministro de Desarrollo Social, Daniel Olesker, conversando con Calzada, en el recinto, Astori sigue cabeceando.

El senador Solari también hizo referencia al encuentro en Estados Unidos de Mujica con los dos magnates y aludió al movimiento Regulación Responsable, Ong que recibe fondos de Soros. “Si las consecuencias de la aplicación de la ley fueran negativas, espero que tengan la misma disposición a mitigar las secuelas que pueden llegar a ser irreversibles”, dijo Solari. También Bordaberry se refirió a las reuniones de Mujica, pero en un tono irónico. “La revolución era esto… Antes marchaban con el Che por la tierra. Ahora se marcha con Rockefeller y Soros por la marihuana. ¡Esa fue la revolución!”, dijo a los gritos aludiendo al pasado guerrillero del presidente.

Después de las 20 horas se llenaron las barras: la marcha musical en apoyo a la nueva ley que había salido de Plaza Cagancha una hora antes había llegado a las escalinatas del Palacio Legislativo. Habrían unas 3000 personas afuera, dentro unas 300.

La impaciencia se hace sentir, el murmullo aumenta, los senadores están inquietos, las panzas crujen de hambre.

21.15 Bordaberry se retira. El prosecretario de presidencia Diego Cánepa anda en la vuelta. Sebastián Sabini vuelve a aparecer. Dos visitantes que están en la barra vestidos con remeras blancas y una chala de marihuana estampada lo saludan, el diputado no los ve, no responde.

Son un hombre y una mujer de unos 35 años que sudan alcohol, huelen mal, hablan a los gritos y festejan cuando Astori toca la campanita para pedir silencio o para renovar el tiempo de oratoria a los senadores porque piensan que está anunciando que se les acabó el tiempo para hablar, y cuando se dan cuenta que no es así, putean. Y dicen que van a tener muchas plantas y que además van a comprar en la farmacia y plantar las semillas que saquen de ese porro. Dicen que serán felices. Y se ríen.

Al lado de ellos está una periodista argentina de Radio Del Plata que mira a Carlos Moreira con odio. Habla de él como si estuviera escupiendo fuego: asegura que es un “facho mentiroso” porque le dijo que “el gobierno argentino había dicho que estaba en contra del proyecto” y que eso es falso, que en Argentina el gobierno no se ha referido al tema.

Pero no son los únicos en las barras, también hay varias personas que siguen la votación sin gritar, sin escupir insultos y que escuchan con atención lo que están diciendo los senadores.

***

El clima está tenso.

Desde el oficialismo se dijo que aún quedan varios asuntos para ajustar en la reglamentación, que será elaborada por el Poder Ejecutivo dentro de los 120 días de aprobada la ley. Entre los asuntos pendientes está la definición del tipo de semilla que se plantará, cómo se realizará el registro de los usuarios, y el precio.

Se suda ansiedad.

Julio Calzada aseguró que lo que se intentará hacer es vender una marihuana de calidad más barata que la que se consigue en el mercado ilegal, por eso se estima que el precio final será de dólar por gramo. Si todo sale según lo previsto, se podrá comprar porro en las farmacias a partir del segundo semestre del 2014.

El silencio invade la sala.

Está a punto de comenzar la votación.

Será nominal a pedido de Larrañaga.

 Comenzó.  La gente en las barras se paró. Varios senadores pidieron para justificar su voto, entre ellos Solari, quien dijo que “las madres no piensen que [su partido] las está abandonando”. Que seguirán luchando.

Tati Sabini se ríe. Constanza también.

Con 16 votos a favor se aprobó la ley. Senadores oficialistas, diputados y autoridades presentes, periodistas y visitantes aplaudieron y festejaron al unísono. Hubo una sola persona que al finalizar los aplausos no se pudo contener, y gritó “al fin ¡las plantas son libres!”.

“NADIE ME DIJO QUE NO PODÍA MENTIR”

ENTREVISTA: ALBERTO MANDRAKE WOLF

Un miércoles de octubre unas 20 personas pagaron solo cien pesos de entrada para deleitarse con un músico montevideano con 25 años de trayectoria. Fue en el Solitario Juan, un pub pequeño al que esa noche le sobraron sillas. En esas sillas había dos groupies guerreras, mujeres cuarentonas con tatuajes, una morocha y la otra colorada con el pelo corto y aretes largos. Se sabían todas las canciones. Cantaban gritando, tapando la voz del músico y tratando de seguir el ritmo con las manos. Eran groupies de verdad, de esas que interrumpen el show con algún comentario provocativo, desaforadas, que vuelcan la cerveza y que orgasmean cuando tocan una melodía lenta. Son de esas que se sientan a un metro del improvisado escenario porque se jactan de entender hasta los suspiros del maestro y lo siguen adonde vaya.

Esa noche de calor primaveral el maestro mandó a la mierda a esas dos mujeres.

Delante de mi está el autor de la ofensa. Estamos en su casa, sentados frente a frente en sillones, rodeados de discos de pasta, casettes y guitarras. Se incomoda cuando le pregunto por las señoras. Tanto, que se levanta a por un whisky a las dos de la tarde. Parece que la cantidad es proporcional a su incomodidad: dos hielos, dos medidas de alcohol. Se vuelve a sentar, se acomoda los lentes, el pelo atrás de las orejas, comenta que es su bebida preferida y recién después transforma la sonrisa en risa y contesta la pregunta “sí, hay algunas que se vuelven locas. Esas son groupies viejas (…) Es cómico cuando vas a dar un show para gente muy joven y de repente ves a las que les gustaba pasarse a todo el cuadro, son todas viejas reventadas, ¿viste?”.

La otra cara

Este Alberto Wolf, el que está tomando whisky en su casa, es otro, no es el trovador de aquella noche en la que contó anécdotas y se reencontró con “viejas reventadas” que sudaban alcohol. El que está frente a mi es otro Mandrake, otro personaje. Hoy se puso la máscara reflexiva, una remera naranja, pantalones de algodón, medias y crocs. Hoy es martes y la tranquilidad que se respira en Villa Dolores es la misma que inunda la casa del músico. Cuando las preguntas no lo incomodan, Mandrake se relaja y se rasca la cabeza, y dice que se siente cómodo siendo contradictorio. Él es diferentes personas, una aquí y otra arriba del escenario.

El Mandrake con el que me encontré ese martes se comparó con los boticarios de “la época de los cowboys. Esos que vendían unas pomadas que servían para todo, para que te crezca el pelo y para el dolor de muela”. Él cree que es eso: una especie de bálsamo que transporta a la gente a otros lugares y otros tiempos a través de sus canciones, porque son historias.

“Me encantan. Cuando toco solo, cuento muchas historias. Es que uno está en la industria del entretenimiento y hasta cuando hacés música tenés que entretener. Y a la gente siempre le llama la atención las historias. Eso es lo lindo que tiene, que le metés en la cabeza algo inusual, que no conoce porque son otros lugares, otras personas, y eso me hace viajar. Soy un trovador –pausa- otro tipo de trovador; soy un trovador de este siglo”.

Musas

Una de las historias que contó ese día fue la del origen de Para la vieja Isla de Flores, una de las canciones del disco Amor en lo Alto, de 2002. A Wolf le fascina la playa. Y en esos años vivía en Shangrilá. “Y desde allí miraba la Isla de Flores, y empecé a imaginar cosas. Tanto que me obsesioné y fui al Museo Naval para averiguar sobre la Isla”. Recopiló bastante información, y en base a eso y a lo que definió como sus “sentimientos”, escribió esa canción. “Quedé muy contento porque me imagino que quien escuchó ese disco o me escuchó cantarla va a pensar la Isla desde otro lugar. Para esa gente la Isla no va a pasar desapercibida”.

Las historias de sus canciones salen “de la vida, de observar, de leer, de imaginar”. Él asegura que no es un extraterrestre. “A veces observo cosas que me llaman la atención y que veo que la gente ni siquiera nota, que pasa de largo y no las ve. Mirá qué hermoso esto, y a partir de eso cuento algo”.

Eso le pasó con Miriam entró al Hollywood, una de sus canciones más conocidas. Estuvo cuatro años para escribirla, y la terminó después de entender algo que había dicho van Gogh: “los bares son un lugar muy propicio para asesinatos”. La dejó en el freezer hasta que un día le salió, porque entendió que las pinceladas rojas y naranjas que forman varios cuadros de bares de van Gogh significan muerte, y el romance que presenció en el Hollywood era eso: un asesinato del corazón.

La canción describe el bar que queda en la esquina de Uruguay y Ejido, y cuenta cómo una mujer que lo embelesó se acercó a hablarle a otro hombre.

“Quería hacerla al revés, porque fue ella la que encaró al pibe, pero no pude. No me dio el talento para escribir como una mujer. Porque la mujer es muy distinta al hombre, tiene otra sensibilidad. No me pude poner en los zapatos de una mujer. Entonces dije ta, vamo’ a escribirla como un viejo verde que se carga a la pendeja, que eso sí sé hacer”.

Mandrake interrumpe su reflexión con una carcajada, porque se acordó de una entrevista que le hicieron a Juan Carlos Onetti y que tiene en un casette. “Era un viejo baboso, y siempre se sentía el ruidito del hielo del vaso de guiscacho mientras contestaba”.

Continúa pensando en su música y dice que no sabe explicar qué es lo que hace que una canción sea buena. “Sólo me emociona, me gusta; siento una cosa fuerte. No estoy pensando en los acordes ni en la letra ni en nada, yo escucho música y me coloco y ta. Después sí puedo hacer un análisis, decir aquel puente está muy bien, el estribillo increíble, la métrica es perfecta. Pero al principio sólo me pega. No tengo ningún tipo de protección a emocionarme; me encanta”.

Escucha con emoción Spoonfull en la versión de Howlin’ Wolf. Dice que la puede escuchar 15 veces seguidas y siempre le encuentra algo fascinante. “Descubrí que esa canción es mitad bestia y mitad hombre, tiene el ritmo y la letra, que es oscura y tan cotidiana a la vez”.

Para Mandrake algunas canciones de Gustavo Pena son así, y también “mágicas”, porque él fue “un artista de la puta madre”. En el show de ese miércoles de groupies, dijo de él que era un crá, pero también que era un “hijo de puta, un pesado de primera”, que no lo bancaba y que vivían discutiendo. “Era una época de mierda, en el 87 nadie nos daba bola; encima yo era más chico que él y me botijeaba un poco”.

El maestro se excusa diciendo que cuando está “en vivo” hay que meterle “un poquito de color” a las cosas, para que el show sea “entrete”.

“Yo miento”, dice entre risas Wolf. “Cuando me hicieron el censo me preguntaron la raza, y yo dije que era afrodescendiente; me miraron raro. Así que habrán puesto que en Villa Dolores hay un afrodescendiente. Nadie me dijo que no podía mentir”.

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